Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2004.

27/02/2004

Bienvenido al weblog matueles

Ya tienes weblog. Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora busca el enlace admin abajo en esta misma página.
Deberás introducir tu email y contraseña arriba para poder acceder.

En el menú que aparecerá arriba podrás: ver la página inicial (Inicio); escribir y publicar un artículo nuevo; modificar las preferencias de la bitácora, por ejemplo: los colores; Salir del weblog para desconectar de forma segura y ver la portada tal y como la verían tus visitantes.

Puedes eliminar este artículo. ¡Que lo disfrutes!
27/02/2004 13:45 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

28/02/2004

El cineasta bicéfalo

Joel y Ethan Coen
(Minnesota, EE. UU. 1954 y 1957)
El cineasta bicéfalo
Alvaro Matud

Dicen que todo artista tiene su secreto. Cuando Cameron Crowe le preguntó a Billy Wilder por los guiones escritos junto a I.A. Diamon, éste le confesó que escribir entre dos personas era muy eficaz si existía la adecuada sintonía entre los dos. Los hermanos Coen son quizá el mejor ejemplo de ese caso. No sólo escriben junto sus propios guiones, sino que dirigen y producen juntos sus películas, figurando en los títulos de crédito según un pacto no escrito: Joel aparece como director, Ethan como productor, y los dos como guionistas. Dos cabezas para una película: el cineasta bicéfalo.

Desde que, en 1984, algunos críticos calificaron a Sangre fácil como la mejor primera película de la historia del cine desde Ciudadano Kane, su filmografía ha elaborado un atlas geográfico y cronológico del último siglo en EEUU, con sus miserias y grandezas. Sus películas abarcan muy diferentes regiones y recuerdan distintas épocas, pero todas se caracterizan por inspirarse en la época del cine clásico americano. Película a película, han sometido a los diferentes géneros a un proceso de mezcla, sin caer nunca en el mero pastiche, sino haciendo una verdadera reinvención. Si, como afirmaba Steiner, la mejor interpretación de la Odisea de Homero es el Ulysses de James Joyce, se podría aventurar que la mejor crítica del cine clásico de género, es la filmografía independiente de los hermanos Coen.. Una independencia obtenida no por vía de confrontación con el made in Hollywood, sino conquistando una posición de privilegio en la industria, al plantear siempre proyectos rentables desde el punto de vista financiero. Las majors ponen el dinero y ellos se encargan de escribir, dirigir y producir sus películas.

De Minneapolis a la Gran Manzana

La historia de los hermanos Coen empezó en St. Louis Park, una apacible barriada judía situada a las afueras de Minneapolis. Hijos de profesores universitarios –el padre, Edward, enseñaba Economía en la Universidad de Minnesota; la madre, Rena, daba clases de historia del arte–, los Coen pronto sintieron el deseo de escapar de su ciudad, donde llevaban una vida apacible pero aburrida. Joel fue el primero en marcharse para matricularse en el Institute of Film and Televisión en Nueva York. Pronto Ethan siguió sus pasos, al ser admitido en la Universidad de Princeton. Allí, mientras estudiaba Filosofía, comenzó a escribir guiones, al principio en solitario. De aquella época es Froggy Wet a Courtin’ guión experimental que no llegó a realizarse.

Al acabar sus estudios en New York, Joel comenzó a introducirse en el mundo de las películas de bajo presupuesto, trabajando como asistente de montaje en producciones de terror de serie B. Por aquel entonces conoció a Sam Raimi, entonces sólo una joven promesa de director de cine. Aprovechando fines de semana y contando con amigos, Raimi dirigió Posesión infernal (The Evil Dead, 1982), en la que Joel haría de asistente de montaje. La cinta, con su aspecto de gore artesanal, se convirtió con los años en film de culto.

Fue en aquellos años cuando Ethan se trasladó a Nueva York, para reunirse con su hermano y cambiar definitivamente la filosofía por la creación cinematográfica. Su primer trabajo juntos fue escribir el guión de Ola de Crímenes, Ola de Risas (Crimewave, 1985), película que dirigiría Raimi. Desde entonces, los Coen han firmado juntos todos los guiones que han rodado. De sus primeros guiones terminaron, al menos, tres: Suburbicon, una inédita historia de suspense; The XYZ Murders, un guiño a las novelas de Agatha Christie escrito en colaboración con Sam Raimi; y Sangre fácil (Blood Simple, 1984), la que sería su opera prima.

Tras la divertida experiencia adquirida junto a Raimi se lanzaron, con la ayuda de un grupo de amigos, a rodar su primer largometraje, Sangre fácil, que acabó conquistando al público a golpe de festivales y de críticas elogiosas. Este largometraje es un punto de partida en el que se fijan ya varias pautas concretas de trabajo y es el primer paso en la formación de la “familia Coen”, un término que hace referencia al conjunto de actores y personal técnico que suelen trabajar en las producciones de Joel y Ethan. Además de las incorporaciones puntuales, entre los intérpretes destaca Frances McDormand, casada con Joel y protagonista de varios de sus films, John Turturro, John Goodman, o Steve Buscemi. Entre los habituales del equipo técnico están viejos amigos de los Coen como Carter Burwell, el compositor de toda la música original de la filmografía de los Coen; Roger Deakins, el director de fotografía que sustituyó a Barry Sonnenfeld; y otros como John S. Lyon, Leslie McDonald o Richard Hornung.

El cine independiente americano

Mediados los años ochenta, se había despertado un creciente interés por el cine independiente en los Estados Unidos. La nueva hornada de directores aclamados en festivales europeos o en eventos como el Sundance Film Festival, fueron para las grandes productoras la savia nueva que necesitaban. Por eso, tras el éxito de crítica de su primera película, la atención de los grandes estudios no se hizo esperar y para su siguiente proyecto, Arizona Baby (Raising Arizona, 1987), pudieron contar con actores de gran tirón comercial como Nicholas Cage, Holly Hunter y John Goodman. Sin embargo, esta road-movie en clave de comedia no tiene la factura de los grandes estudios sino que es, de principio a fin, una historia escrita, dirigida y producida por los Coen. La película ofrece una visita al territorio de la comedia disparatada, adaptando a la pantalla grande las formas y los estereotipos del cómic, especialmente los de Tex Avery.

En Arizona Baby se aprecian ya algunas constantes estilísticas que hacen inconfundibles sus producciones. Son inolvidables, por ejemplo, las escapadas a lo onírico y surrealista inauguradas en esta película con secuencias magníficas como la de la fuga-parto de los presidiarios o la aparición del motorista apocalíptico. En El Gran Salto será el sorprendente agujero espacio-temporal que permite el frenado completo de Norville Barnes (Tim Robbins) en una caída de 80 m de altura, para dialogar con un ángel que porta un hula-hoop a modo de aureola; y en El hombre que nunca estuvo allí la inclusión de un platillo volante en un film noir. No son simples boutades, como podría parecer, sino que esas ventanas abiertas en la aparente realidad de sus películas constituyen una técnica eficaz de releer los géneros más tradicionales.

Al comenzar la década de los noventa, los hermanos de Minnesota, sorprendieron al público con una película de gansters que, aparentemente, seguía al pie de la letra las reglas clásicas consagradas por la genial trilogía de El Padrino. Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, 1990), como muchas de sus historias, gira en torno a la figura de un perdedor, Tom Reagan (Gabriel Byrne), verdadero antihéroe que posee una ley moral observada hasta en las ocasiones más peliagudas. La película supone un acercamiento muy personal al universo de Dashiell Hammet, y continúa la estrecha relación –inaugurada en Sangre fácil– con los mejores autores de la novela negra como Raymond Chandler (El gran Lebowski) y James M. Cain (El hombre que nunca estuvo allí ). Los Coen demuestran un innegable dominio de los elementos propios del género, pero no dudan en vulnerar voluntariamente las reglas del film noir. No se trata sólo de que realicen innovaciones en la técnica cinematográfica, sino de que introducen elementos ajenos al cine negro como el humor o la fantasía.

Una autocrítica que triunfa en Europa

Gracias a un parón creativo durante el rodaje de esa película, les surgió la idea de Barton Fink (Barton Fink, 1991), quizá su mejor obra hasta la fecha. La película, financiada por la Fox a cambio tan sólo de los derechos domésticos de distribución en vídeo, triunfó en el Festival de Cannes donde consiguió la Palma de Oro, el premio a la mejor dirección y a la mejor interpretación masculina. También fue nominada a tres Oscar y supuso su consagración ante la crítica internacional. Al igual que pasó con cineastas como Soderbergh o David Lynch, los galardones obtenidos en Cannes les permitieron mantener intacta su independencia creativa. Sin embargo la acogida del público, aunque buena, no fue entusiasta. La razón es que Barton Fink es una película de gran brillantez formal, pero que hace una audaz apuesta por el cripticismo argumental. El meticuloso sistema de trabajo de los Coen se pudo comprobar en la rigurosa previsualización del guión, mediante un detallado story board que condiciona una planificación exhaustiva, revelando verdadero pánico a la improvisación. En esta ocasión, además, el meticuloso trabajo de posproducción les llevó varios meses.

En el interior de su laberíntica estructura narrativa, la película esconde una inteligente crítica tanto al conservadurismo antiintelectual americano –representado por el Hollywood de los años cuarenta– como al progresismo intelectualoide, encarnado en la intelligentsia judía de New York. Paradójicamente, la historia está plagada de referencias culturales, símbolos y guiños cinéfilos que están sólo al alcance de los que frecuentan los ambientes criticados, por lo que también podría entenderse como una autocrítica. En efecto, se podría interpretar la historia de Barton Fink como el purgatorio que todo intelectual dedicado al cine debe sufrir para, tras vencer a los demonios interiores (Mundt, el loco, un evidente caso de “doppelgänger”, o doble personalidad, de Barton) y las tentaciones del mundo (Lipnick, el productor megalómano) llegar al paraíso de la creación cinematográfica, simbolizada por la imagen del cuadro de la playa hecha realidad en la última escena de la película.

La rentabilidad obtenida de los ocho millones de dólares del presupuesto de Barton Fink, unida al prestigio de la crítica, les confirmó como pieza codiciada por los grandes estudios. En su siguiente producción, El gran salto (The Hudsucker Proxy, 1994), contaron con un presupuesto de treinta millones de dólares y un reparto plagado de estrellas como Paul Newman, Tim Robbins y Sarah Jessica Parker.. La cinta es una revisión de las comedias de Frank Capra, con claras influencias temáticas de películas como El secreto de vivir (Mr. Deeds Goes To Town, 1936).

En esta ocasión, además de repetir recursos narrativos como el empleo del prólogo con voz en off para situar al espectador, vuelven a recrear de un modo muy personal el mundo del cine clásico, introduciendo elementos trasgresores como el humor paródico, la irrupción de la fantasía con sabor a kitsch, la desmesura interpretativa, etc. Aunque con el tiempo ha ido recuperando la estima del público, en su momento supuso un fracaso comercial –el único hasta la fecha– por lo que decidieron volver al terreno del cine independiente en su siguiente proyecto.

La conquista de Hollywood

Fargo (Fargo, 1996), que tuvo un presupuesto de doce millones de dólares, supuso también el retorno a casa –la película discurre en su Minnesotta natal– y el éxito definitivo, respaldado por los dos Oscar de la Academia a la mejor actriz principal y al mejor guión original. Retomando su estilo primigenio de Sangre fácil (Blood Simple, 1984), la película se adentra en los espacios más anodinos de América para plantear un thriller con tintes morales. Parece como si este retorno a los orígenes mostrara la maduración de toda su trayectoria cinematográfica, pues en Fargo encontramos la quintaesencia del cine desarrollado por los Coen hasta esa fecha.

La historia de Fargo, como es habitual en los Coen, tiene su desencadenante en un crimen, que no sale como se había planeado. Esta constante parece avisarnos de que el mal, en el fondo, es siempre algo estúpido, por lo que induce por igual a la condena y a la risa. Como pasaba con la durísima secuencia del asesinato en Sangre fácil, el espectador no sabe si reír o estremecerse con el secuestro de Jean Lundegaard (Kristin Rudrüd).

También se repiten detalles curiosos que, repetidos en todos y cada uno de sus guiones, han acabado por convertirse en una rúbrica de la autoría de sus producciones. Así ocurre, por ejemplo, con los gritos de personajes secundarios como Carl Showalter (Buscemi), que resuenan en el tímpano del espectador y que recuerdan los de Gale y Evelle (Goodman y Forsythe) en Arizona Baby, y muchos otros.

La madurez apreciada en Fargo se advertir en una evidente voluntad de estilo, consecuencia del esmerado trabajo creativo. El cuidado hasta sus últimos detalles se extiende al proceso de montaje, a cargo de Roderick Jaynes en todas sus películas. Este desconocido personaje, nominado a un Oscar por su trabajo en Fargo, resulta ser un seudónimo bajo el que se esconden los mismos Joel y Ethan, que quieren controlar hasta el final la apariencia final de sus trabajos.

También se puede apreciar el dominio del espacio a través de la composición de los planos generales. Es frecuente la presentación de un plano fijo del paisaje sobre el que se van situando los personajes y que, al finalizar la escena, podría enmarcarse. De esta solidez visual que acompaña a sus películas desde el principio, es responsable el director de fotografía Roger Deakins, distinguido con sucesivas nominaciones al Oscar por sus trabajos en Fargo, O’ Brother, y El hombre que nunca estuvo allí.

La vuelta a la comedia en su siguiente producción, El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998), viene acompañada de una nueva incursión en el género negro. Toda la película está inspirada en las novelas de Raymond Chandler -su morosidad recuerda El sueño eterno-, pero está protagonizada por tres horteras habituales de la bolera. Decididamente no podríamos imaginar al mítico detective Marlowe, vestido con las bermudas, la camisa de flores y el par de chancletas que luce continuamente el inefable “Dude” Lebowski. El resultado es una peculiar mezcla que esconde un cáustico viaje por la América de los noventa. Al igual que en Arizona Baby se mostraba el lado oscuro de la prosperidad de la vida en Texas durante la era Reagan, en El gran Lebowski salen a relucir los defectos de la promise land californiana, a través de las andanzas del pequeño Lebowski (Jeff Bridges) entre las mansiones de los millonarios y las boleras de los parados.

Una Odisea con sabor a blues

Animados por el éxito de sus últimas producciones, los Coen decidieron intentar el más difícil todavía y volvieron a filmar una road movie esta vez adaptando nada menos que el argumento de la Odisea de Homero. O’ Brother (O’ Brother, Where Art Thou?, 2000) se zambulle en la mítica sureña, discurriendo con un particular ritmo faulkneriano, sin prisas pero sin pausas, como el Mississippi que recorre la acción, situada durante los años treinta después de la Gran Crisis de un país en reconstrucción. En esta película vuelven a demostrar que son, a la vez, populares e intelectuales; superficiales y profundos. Mezclan las referencias cinematográficas con las literarias y retuercen las comedias de Preston Sturges para ofrecer una original road movie presidiaria, basada en un texto de miles de años de antigüedad.

La película contó con la ayuda inestimable del “tirón” publicitario de George Clooney en el papel protagonista, un magnífico Tim Blake Nelson y el actor fetiche de los Coen, John Turturro. Otra protagonista indiscutible es la música –como no podía ser menos en una historia auténticamente sureña– que va recorriendo los distintos estilos nacidos en las fuentes del Mississippi: blues, blue-grass, folk, gospel, etc. Como ocurre con muchos aspectos de sus películas, lo que parece sólo un ingenioso y superficial recurso, esconde un gran esfuerzo de documentación para recopilar tesoros olvidados de la música tradicional, que fue recompensado con cinco premios Grammy, entre ellos el de mejor album del año.

Como si tuvieran necesidad de alternar los géneros cultivados en sus películas, tras la brillante comedia homérica, retornan al territorio familiar del cine negro. El hombre que nunca estuvo allí, (The Man Who Wasn’t There, 2002), bucea en las fuentes de las novelas de James M. Cain, e intenta mostrar cómo es la vida ordinaria de ese tipo de personajes. Pero, como era de esperar, acaba apareciendo un hombre con un peluquín o un platillo volante, y la película “de género” desaparece para seguir el estilo que los acredita, para deleite de unos y desconcierto de otros. La perfecta utilización de la técnica dio a los Coen su tercer premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes, tras Barton Fink y Fargo.

El ritmo deliberadamente lento y la exasperante falta de emociones en los protagonistas consigue transmitir al espectador el ambiente de vulgaridad en el que se desarrolla la acción. Una vez más, los Coen nos explican que el mal es algo banal, producto muchas veces de las pasiones de personas con evidente falta de atractivo, movidas habitualmente por el egoísmo. Cuando el tímido Ed es avasallado por el descaro precoz de la niña de la que está secretamente enamorado, surgirá el definitivo accidente de coche que ayudará a resolver toda la trama policial. Es el último capítulo en la trayectoria de un hombre que sólo consigue transmitirnos lástima por su vida estéril, incapaz incluso de hacer el mal con eficacia.

Diseccionando las relaciones personales

El pesimismo ante las relaciones humanas, especialmente las de pareja, es una constante en la filmografía coeniana. A menudo el egoísmo lastra fatalmente las relaciones afectivas impidiendo a las personas ser felices, construir matrimonios estables y enamorados. Así lo explica ya en Arizona Baby el personaje interpretado por Holly Hunter, cuando empieza a arrepentirse del secuestro de uno de los quintillizos de Nathan Arizona. El único matrimonio feliz que habita hasta ahora el territorio Coen lo encontramos en Fargo. Es el de Marge, la policía embarazada interpretada por Frances McDormand, con Norm Gunderson, un dibujante de animales silvestres. A lo largo de la historia podemos descubrir que la convivencia entre ambos está basada en la mutua generosidad, representada por el cambio de roles típicos entre ambos: él se levanta para hacerle el desayuno cuando las obligaciones de ellas la requieren a altas horas de la madrugada; y ella olvida su importante éxito policial para congratularse con el modesto logro de su marido, que ha conseguido que elijan uno de sus dibujos para ilustrar un sello de correos.

Es, precisamente, el amor y las dificultades que atraviesa el matrimonio a principios del s.XXI, el tema de su último estreno, Crueldad intolerable (Intolerable Cruelty,2003). George Clooney repite con los Coen, formando una rutilante pareja junto a Catherine Zeta-Jones en una comedia negra, gamberra y amenísima que parte de los presupuestos de la screwball comedy para construir un divertimento hawkasiano que tienen mucha miga. El esmero técnico enmarca una enloquecida reflexión sobre el mercadillo matrimonial norteamericano, con un aire de glamour y una inteligente utilización de dos estrellas en la cima de su carrera, con gran tirón popular.

Se nota, sin embargo, que en esta ocasión han asimilado un proyecto ajeno. En efecto, la película ya se había ofrecido a otros directores y el guión aparece firmado por ellos junto a Robert Ramsey y Matthew Stone. Aunque esta circunstancia provoca algunas irregularidades y diferencias de estilo, finalmente aparece el inconfundible toque Coen, que maneja como nadie la ironía, la sátira y la acidificación de las situaciones e historias más tristes; y donde no faltan los excesos que rayan el surrealismo. Fieles a su fama de creadores tremendamente corrosivos, no dejan títere con cabeza en esta aparente comedia romántica, a pesar de su envoltura dulzona y comercial.

Los Coen parecen ofrecer en Crueldad Intolerable, más claramente que en Fargo, su propuesta para la felicidad de las relaciones afectivas: en la continua pugna entre el amor y el interés, magistralmente descrita a lo largo de sucesivas vueltas de tuerca, sólo puede triunfar el primero si se superan definitivamente los egoísmos personales, pasando del quid pro quo, a la entrega sin condiciones. Sólo cuando se llega a esa situación, vienen a decir, se consigue el genuino happy end.

Han pasado casi veinte años y, después de diez espléndidas películas, los hermanos Coen ya no pueden ocultar que su aparente falta de pretensiones esconde una importante labor renovadora del cine clásico y que la pretendida superficialidad de sus argumentos no es más que una atractiva envoltura utilizada para hacer una inteligente crítica de la sociedad americana, de la que no escapan ni ellos mismos.

Filmografía

1984. BLOOD SIMPLE (Sangre fácil)
1987. RAISING ARIZONA (Arizona Baby)
1990. MILLER'S CROSSING (Muerte entre las flores)
1991. BARTON FINK (Barton Fink)
1994. THE HUDSUCKER PROXY (El gran salto). Guión: Sam Raimi y Joel y Ethan Coen
1996. FARGO (Fargo)
1998. THE BIG LEBOWSKI (El gran Lebowski)
2000. O BROTHER, WHERE ART THOU? (O Brohter!)
2001. THE MAN WHO WASN'T THERE (El hombre que nunca estuvo allí)
2003. CRUELDAD INTOLERABLE (Intolerable cruelty) Guión: Robert Ramsey, Matthew Stone, Joel Coen, Ethan Coen.
28/02/2004 19:40 Enlace permanente. Tema: Coen & Coen No hay comentarios. Comentar.

Todos estábamos equivocados

Todos estábamos equivocados

David Kay, inspector norteamericano encargado de buscar las armas de destrucción masiva tras la caída del régimen de Sadam, ha dejado su cargo reconociendo que no han encontrado nada. Es más, afirma que seguramente nunca existieron esas armas y declara: “todos estábamos equivocados”. ¿¿TODOS??

Millones de ciudadanos de a pie salieron a la calle, en la primera manifestación globalizada de la Historia, para decir “no a la guerra”. Juan Pablo II se agotó en un denodado intento de frenar una inercia enloquecida. El inspector Blix pidió más tiempo ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Mohamed El Baradei, director del Organismo Internacional para la Energía Atómica resumió con claridad: "no tenemos pruebas de que Irak tenga armas nucleares".

¿Se equivoco, entonces, el gobierno norteamericano? Parece más bien que, tras el 11-S, se había decidido ya que Sadam “debía” tener esas armas. Los neoconservadores del Departamento de Defensa, encabezados por Rumsfeld y Wolfowitz, no dudaron en adaptar la realidad a unas conclusiones formuladas previamente. Con ese objetivo crearon, todavía en 2001, una unidad especial del Pentágono dirigida por David Wurmser, como explica detalladamente Carlos Fresneda en El Mundo.

Pero ninguna manipulación, por bien organizada que esté, resiste el paso del tiempo. Casi nadie discute ya, por ejemplo, la inocencia de España en el hundimiento del Maine, mero pretexto de Estados Unidos para iniciar la guerra de 1898. Ahora, disipada la propaganda bélica y derribado el régimen de Sadam, se va abriendo paso la verdad: ni hay armas de destrucción masiva, ni existió vínculo alguno entre el régimen laico de Sadam y el terror fundamentalista de Al Qaeda.

Ante estos hechos ¿qué dicen los que promovieron la guerra preventiva contra Irak? Algunos culpan a los informes de los servicios secretos. Sin embargo, se deben recordar las airadas quejas de la propia CIA. Los chicos de Rumsfeld ejercieron una fuerte presión sobre sus analistas. Era decisivo que cargaran la mano en los datos que Powell había de exponer ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Otros repiten que la guerra ha sido el alto precio de un farol de Sadam. Habría hecho creer a la comunidad internacional que efectivamente tenía esas armas. Pero ¿era creíble su envite? En realidad resultaba inverosímil que Irak hubiese acumulado un arsenal de armas de destrucción masiva tras la severa derrota de 1991. Se encontraba bajo riguroso embargo internacional y con los aviones norteamericanos sobre su espacio aéreo. No justifico a un tirano si llamo, además, la atención sobre el hecho de que los inspectores permanecieron en Irak nada menos que ocho años, de 1991 a 1998. Regresaron en 2002, tras la célebre resolución 1441. En su último informe ante el Consejo de Seguridad, entre ambigüedades diplomáticas, quedó claro que no habían encontrado armas de destrucción masiva.

Ante la contundencia de los hechos resta todavía una última postura: el cinismo. Y hace falta una buena dosis para afirmar que lo importante no era la existencia de esas armas sino la caída del viejo dictador. Tanta desfachatez merecería que se cumpliera el vaticinio del embajador español en la ONU, Inocencio Arias: “si estábamos buscando las armas de destrucción masiva, que fue la razón principal por la que España actuó, y esas armas no aparecen, todo se pondría en tela de juicio”.

Alvaro Matud Juristo
28/02/2004 19:43 Enlace permanente. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

El laicismo es inconstitucional.

El laicismo es inconstitucional.

Todavía estaban reclamando los laicistas una ley del velo para España, que prohibiera cualquier signo religioso (“idiotizante”, según el tolerante Albiac) en la escuela pública, cuando salían a la calle miles de muchachas jóvenes diciendo que, además de ser francesas quieren llevar el velo típico de su religión. No acaban de ganar para sustos los que quieren liberar a los demás de sus fanáticas creencias, con tanto fervor, que se olvidan de preguntar a los interesados.
Al margen del debate de fondo que late en ésta polémica, -sobre la posibilidad de convivencia en el espacio público de los creyentes de las distintas religiones, con los que no profesan religión alguna- lo que sí está claro es que en España no cabe una solución a la francesa.
Y no es porque el gobierno del Partido Popular se haya impuesto la misión de defender a ultranza la religión, con el oscuro deseo de volver al nacionalcatolicismo, sino porque la sociedad española, representada por una gran variedad de partidos políticos, así lo decidió mediante una Constitución aprobada por una gran mayoría, en 1978.
Es frecuente escuchar, con ocasión de asuntos discutidos como la asignatura de religión, que “estamos en un Estado laico”. Pues la verdad es que no. España, junto al modelo de la monarquía parlamentaria, eligió definirse como un Estado aconfesional, que no es lo mismo. Aconfesional significa que en nuestro país no hay religión oficial, a diferencia, no de modelos dictatoriales sino de –sorpresa, sorpresa…- países tan avanzados democráticamente como Gran Bretaña o Noruega. ¿Podríamos decir, entonces, que en España el Estado permanece “neutral” frente a las convicciones religiosas de sus ciudadanos? No exactamente, más bien sería “no beligerante”, en el sentido de que no toma partido por ninguna en concreto, pero sí debe tener en cuenta esa realidad. Así se lee claramente en el artículo 16 de la Constitución que, en su párrafo 3, establece la obligación del Estado de promover la cooperación con las distintas confesiones religiosas, especialmente con la Iglesia Católica, por ser la mayoritaria en España.
Así que, recomiendo a todos los que reclaman la desaparición de lo religioso en cualquier ámbito público, que se lean la Constitución Española. Y, que si quieren cambiarla, que se pongan a la cola, porque los muchachos de Ibarretxe y Carod-Rovira han llegado primero.

Alvaro Matud
28/02/2004 19:44 Enlace permanente. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

¿Por qué confesarse?

Un hecho innegable: la necesidad del perdón de mis pecados

Todos tenemos muchas cosas buenas…, pero al mismo tiempo, la presencia del mal en nuestra vida es un hecho: somos limitados, tenemos una cierta inclinación al mal y defectos; y como consecuencia de esto nos equivocamos, cometemos errores y pecados. Esto es evidente y Dios lo sabe. De nuestra parte, tonto sería negarlo. En realidad… sería peor que tonto… San Juan dice que "si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros" (1 Jn 1,9-10).

De aquí que una de las cuestiones más importantes de nuestra vida sea ¿cómo conseguir "deshacernos" de lo malo que hay en nosotros? ¿de las cosas malas que hemos hecho o de las que hemos hecho mal? Esta es una de las principales tareas que tenemos entre manos: purificar nuestra vida de lo que no es bueno, sacar lo que está podrido, limpiar lo que está sucio, etc.: librarnos de todo lo que no queremos de nuestro pasado. ¿Pero cómo hacerlo?

No se puede volver al pasado, para vivirlo de manera diferente… Sólo Dios puede renovar nuestra vida con su perdón. Y El quiere hacerlo… hasta el punto que el perdón de los pecados ocupa un lugar muy importante en nuestras relaciones con Dios.

Como respetó nuestra libertad, el único requisito que exige es que nosotros queramos ser perdonados: es decir, rechacemos el pecado cometido (esto es el arrepentimiento) y queramos no volver a cometerlo. ¿Cómo nos pide que mostremos nuestra buena voluntad? A través de un gran regalo que Dios nos ha hecho.

En su misericordia infinita nos dio un instrumento que no falla en reparar todo lo malo que podamos haber hecho. Se trata del sacramento de la penitencia. Sacramento al que un gran santo llamaba el sacramento de la alegría, porque en él se revive la parábola del hijo prodigo, y termina en una gran fiesta en los corazones de quienes lo reciben.

Así nuestra vida se va renovando, siempre para mejor, ya que Dios es un Padre bueno, siempre dispuesto a perdonarnos, sin guardar rencores, sin enfados, etc. Premia lo bueno y valioso que hay en nosotros; lo malo y ofensivo, lo perdona. Es uno de los más grandes motivos de optimismo y alegría: en nuestra vida todo tiene arreglo, incluso las peores cosas pueden terminar bien (como la del hijo pródigo) porque Dios tiene la última palabra: y esa palabra es de amor misericordioso.

La confesión no es algo meramente humano: es un misterio sobrenatural: consiste en un encuentro personal con la misericordia de Dios en la persona de un sacerdote.

Dejando de lado otros aspectos, aquí vamos sencillamente a mostrar que confesarse es razonable, que no es un invento absurdo y que incluso humanamente tiene muchísimos beneficios. Te recomiendo pensar los argumentos… pero más allá de lo que la razón nos pueda decir, acudí a Dios pidiéndole su gracia: eso es lo más importante, ya que en la confesión no se realiza un diálogo humano, sino un diálogo divino: nos introduce dentro del misterio de la misericordia de Dios.

Algunas razones por las que tenemos que confesarnos

1. En primer lugar porque Jesús dio a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. Esto es un dato y es la razón definitiva: la más importante. En efecto, recién resucitado, es lo primero que hace: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados, a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar " (Jn 20,22-23). Los únicos que han recibido este poder son los Apóstoles y sus sucesores. Les dio este poder precisamente para que nos perdonen los pecados a vos y a mí. Por tanto, cuando quieres que Dios te borre los pecados, sabes a quien acudir, sabes quienes han recibido de Dios ese poder.

Es interesante notar que Jesús vinculó la confesión con la resurrección (su victoria sobre la muerte y el pecado), con el Espíritu Santo (necesario para actuar con poder) y con los apóstoles (los primeros sacerdotes): el Espíritu Santo actúa a través de los Apóstoles para realizar en las almas la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.

2. Porque la Sagrada Escritura lo manda explícitamente: "Confesáos mutuamente vuestros pecados" (Sant 5,16). Esto es consecuencia de la razón anterior: te darás cuenta que perdonar o retener presupone conocer los pecados y disposiciones del penitente. Las condiciones del perdón las pone el ofendido, no el ofensor. Es Dios quién perdona y tiene poder para establecer los medios para otorgar ese perdón. De manera que no soy yo quien decide cómo conseguir el perdón, sino Dios el que decidió (hace dos mil años de esto…) a quién tengo que acudir y qué tengo que hacer para que me perdone. Entonces nos confesamos con un sacerdote por obediencia a Cristo.

3. Porque en la confesión te encuentras con Cristo. Esto debido a que es uno de los siete Sacramentos instituidos por El mismo para darnos la gracia. Te confiesas con Jesús, el sacerdote no es más que su representante. De hecho, la formula de la absolución dice: "Yo te absuelvo de tus pecados" ¿Quien es ese «yo»? No es el Padre Fulano -quien no tiene nada que perdonarte porque no le has hecho nada-, sino Cristo. El sacerdote actúa en nombre y en la persona de Cristo. Como sucede en la Misa cuando el sacerdote para consagrar el pan dice "Esto es mi cuerpo", y ese pan se convierte en el cuerpo de Cristo (ese «mi» lo dice Cristo), cuando te confiesas, el que está ahí escuchándote, es Jesús. El sacerdote, no hace más que «prestarle» al Señor sus oídos, su voz y sus gestos.

4. Porque en la confesión te reconcilias con la Iglesia. Resulta que el pecado no sólo ofende a Dios, sino también a la comunidad de la Iglesia: tiene una dimensión vertical (ofensa a Dios) y otra horizontal (ofensa a los hermanos). La reconciliación para ser completa debe alcanzar esas dos dimensiones. Precisamente el sacerdote está ahí también en representación de la Iglesia, con quien también te reconcilias por su intermedio. El aspecto comunitario del perdón exige la presencia del sacerdote, sin él la reconciliación no sería «completa».

5. El perdón es algo que «se recibe». Yo no soy el artífice del perdón de mis pecados: es Dios quien los perdona. Como todo sacramento hay que recibirlo del ministro que lo administra válidamente. A nadie se le ocurriría decir que se bautiza sólo ante Dios… sino que acude a la iglesia a recibir el Bautismo. A nadie se le ocurre decir que consagra el pan en su casa y se da de comulgar a sí mismo… Cuando se trata de sacramentos, hay que recibirlos de quien corresponde: quien los puede administrar válidamente.

6. Necesitamos vivir en estado de gracia. Sabemos que el pecado mortal destruye la vida de la gracia. Y la recuperamos en la confesión. Y tenemos que recuperarla rápido, básicamente por tres motivos:

a) porque nos podemos morir… y no creo que queramos morir en estado de pecado mortal… y acabar en el infierno.

b) porque cuando estamos en estado de pecado ninguna obra buena que hacemos es meritoria cara a la vida eterna. Esto se debe a que el principio del mérito es la gracia: hacer obras buenas en pecado mortal, es como hacer goles en “fuera de juego”: no valen, carecen de valor sobrenatural. Este aspecto hace relativamente urgente el recuperar la gracia: si no queremos que nuestra vida esté vacía de mérito y que lo bueno que hacemos sea inútil.

c) porque necesitamos comulgar: Jesús nos dice que quien lo come tiene vida eterna y quien no lo come, no la tiene. Pero, no te olvides que para comulgar dignamente, debemos estar libres de pecado mortal. La advertencia de San Pablo es para temblar: "quien coma el pan o beba el cáliz indignamente, será reo del cuerpo y sangre del Señor. (…) Quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación" (1 Cor 11,27-28). Comulgar en pecado mortal es un terrible sacrilegio: equivale a profanar la Sagrada Eucaristía, a Cristo mismo.

7. Necesitamos dejar el mal que hemos hecho. El reconocimiento de nuestros errores es el primer paso de la conversión. Sólo quien reconoce que obró mal y pide perdón, puede cambiar.

8. La confesión es vital en la luchar para mejorar. Es un hecho que habitualmente una persona después de confesarse se esfuerza por mejorar y no cometer pecados. A medida que pasa el tiempo, va aflojando… se «acostumbra» a las cosas que hace mal, o que no hace, y lucha menos por crecer. Una persona en estado de gracia -esta es una experiencia universal- evita el pecado. La misma persona en pecado mortal tiende a pecar más fácilmente.

Otros motivos que hacen muy conveniente la confesión

a) Necesitamos paz interior. El reconocimiento de nuestras culpas es el primer paso para recuperar la paz interior. Negar la culpa no la elimina: sólo la esconde, haciendo más penosa la angustia. Sólo quien reconoce su culpa está en condiciones de liberarse de ella.

b) Necesitamos aclararnos con nosotros mismos. La confesión nos "obliga" a hacer un examen profundo de nuestra conciencia. Saber qué hay «adentro», qué nos pasa, qué hemos hecho, cómo vamos… De esta manera la confesión ayuda a conocerse y entenderse a uno mismo.

c) Todos necesitamos que nos escuchen. ¿En qué consiste el primer paso de la terapia de los psiquiatras y psicólogos sino en hacer hablar al "paciente"? Y te cobran para escucharte… y al "paciente" le hace muy bien. Estas dos profesiones han descubierto en el siglo XX algo que la Iglesia descubrió hace muchos siglos (en realidad se lo enseñó Dios). El decir lo que nos pasa, es una primera liberación.

d) Necesitamos una protección contra el auto-engaño. Es fácil engañarse a uno mismo, pensando que eso malo que hicimos, en realidad no está tan mal; o justificándolo llegando a la conclusión de que es bueno, etc. Cuando tenemos que contar los hechos a otra persona, sin excusas, con sinceridad, se nos caen todas las caretas… y nos encontramos con nosotros mismos, con la realidad que somos.

e) Todos necesitamos perspectiva. Una de las cosas más difíciles de esta vida es conocerse uno mismo. Cuando "salimos" de nosotros por la sinceridad, ganamos la perspectiva necesaria para juzgarnos con equidad.

f) Necesitamos objetividad. Y nadie es buen juez en causa propia. Por eso los sacerdotes pueden perdonar los pecados a todas las personas del mundo… menos a una: la única persona a la que un sacerdote no puede perdonar los pecados es él mismo: siempre tiene que acudir a otro sacerdote para confesarse. Dios es sabio y no podía privar a los sacerdotes de este gran medio de santificación.

g) Necesitamos saber si estamos en condiciones de ser perdonados: si tenemos las disposiciones necesarias para el perdón o no. De otra manera correríamos un peligro enorme: pensar que estamos perdonados cuando ni siquiera podemos estarlo.

h) Necesitamos saber que hemos sido perdonados. Una cosa es pedir perdón y otra distinta ser perdonado. Necesitamos una confirmación exterior, sensible, de que Dios ha aceptado nuestro arrepentimiento. Esto sucede en la confesión: cuando recibimos la absolución, sabemos que el sacramento ha sido administrado, y como todo sacramento recibe la eficacia de Cristo.

i) Tenemos derecho a que nos escuchen. La confesión personal más que una obligación es un derecho: en la Iglesia tenemos derecho a la atención personal, a que nos atiendan uno a uno, y podamos abrir el corazón, contar nuestros problemas y pecados.

j) Hay momentos en que necesitamos que nos animen y fortalezcan. Todos pasamos por momentos de pesimismo, desánimo… y necesitamos que se nos escuche y anime. Encerrarse en sí mismo solo empeora las cosas…

k) Necesitamos recibir consejo. Mediante la confesión recibimos dirección espiritual. Para luchar por mejorar en las cosas de las que nos confesamos, necesitamos que nos ayuden.

l) Necesitamos que nos aclaren dudas, conocer la gravedad de ciertos pecados, en fin… mediante la confesión recibimos formación.

Algunos motivos para no confesarse

1. ¿Quién es el cura para perdonar los pecados…? Sólo Dios puede perdonarlos.

Hemos visto que el Señor dio ese poder a los Apóstoles. Además, permíteme decirte que ese argumento lo he leído antes… precisamente en el Evangelio… Es lo que decían los fariseos indignados cuando Jesús perdonaba los pecados… (puedes mirar Mt 9,1-8).

2. Yo me confieso directamente con Dios, sin intermediarios.

Genial. Me parece bárbaro… pero hay algunos “peros”…
Pero… ¿cómo sabes que Dios acepta tu arrepentimiento y te perdona? ¿Escuchas alguna voz celestial que te lo confirma?
Pero… ¿cómo sabes que estás en condiciones de ser perdonado? Te darás cuenta que no es tan fácil… Una persona que robara un banco y no quisiera devolver el dinero… por más que se confesara directamente con Dios… o con un cura… si no quisiera reparar el daño hecho -en este caso, devolver el dinero-, no puede ser perdonada… porque ella misma no quiere "deshacerse" del pecado.

Este argumento no es nuevo… Hace casi mil seiscientos años, San Agustín replicaba a quien argumentaba como vos: "Nadie piense: yo obro privadamente, de cara a Dios… ¿Es que sin motivo el Señor dijo: «lo que atareis en la tierra, será atado en el cielo»?.¿Acaso les fueron dadas a la Iglesia las llaves del Reino de los cielos sin necesidad? Frustramos el Evangelio de Dios, hacemos inútil la palabra de Cristo."

3. ¿Porque le voy a decir los pecados a un hombre como yo?

Porque ese hombre no un hombre cualquiera: tiene el poder especial para perdonar los pecados (el sacramento del orden). Esa es la razón por la que vas a él.

4. ¿Porque le voy a decir mis pecados a un hombre que es tan pecador como yo?

El problema no radica en la «cantidad» de pecados: si es menos, igual o más pecador que tú…. No vas a confesarte porque sea santo e inmaculado, sino porque te puede dar la absolución, poder que tiene por el sacramento del orden, y no por su bondad. Es una suerte -en realidad una disposición de la sabiduría divina- que el poder de perdonar los pecados no dependa de la calidad personal del sacerdote, cosa que sería terrible ya que uno nunca sabría quién sería suficientemente santo como para perdonar… Además, el hecho de que sea un hombre y que como tal tenga pecados, facilita la confesión: precisamente porque sabe en carne propia lo que es ser débil, te puede entender mejor.

5. Me da vergüenza…

Es lógico, pero hay que superarla. Hay un hecho comprobado universalmente: cuanto más te cueste decir algo, tanto mayor será la paz interior que consigas después de decirlo. Además te cuesta, precisamente porque te confiesas poco…, en cuanto lo hagas con frecuencia, verás como superarás esa vergüenza.

Además, no creas que eres tan original…. Lo que vas a decir, el cura ya lo escuchó trescientas mil veces… A esta altura de la historia… no creo que puedas inventar pecados nuevos…

Por último, no te olvides de lo que nos enseñó un gran santo: el diablo quita la vergüenza para pecar… y la devuelve aumentada para pedir perdón… No caigas en su trampa.

6. Siempre me confieso de lo mismo…

Eso no es problema. Hay que confesar los pecados que uno ha cometido… y es bastante lógico que nuestros defectos sean siempre más o menos los mismos… Sería terrible ir cambiando constantemente de defectos… Además cuando te bañas o lavas la ropa, no esperas que aparezcan machas nuevas, que nunca antes habías tenido; la suciedad es más o menos siempre del mismo tipo… Para querer estar limpio basta querer remover la mugre… independientemente de cuán original u ordinaria sea.

7. Siempre confieso los mismos pecados…

No es verdad que sean siempre los mismos pecados: son pecados diferentes, aunque sean de la misma especie… Si yo insulto a mi madre diez veces… no es el mismo insulto… cada vez es uno distinto… No es lo mismo matar una persona que diez… si maté diez no es el mismo pecado… son diez asesinatos distintos. Los pecados anteriores ya me han sido perdonados, ahora necesito el perdón de los "nuevos", es decir los cometidos desde la última confesión.

8. Confesarme no sirve de nada, sigo cometiendo los pecados que confieso…

El desánimo, puede hacer que pienses: "es lo mismo si me confieso o no, total, nada cambia, todo sigue igual". No es verdad. El hecho de que uno se ensucie, no hace concluir que es inútil bañarse. Uno que se baña todos los días… se ensucia igual… Pero gracias a que se baña, no va acumulando mugre… y está bastante limpio. Lo mismo pasa con la confesión. Si hay lucha, aunque uno caiga, el hecho de ir sacándose de encima los pecados… hace que sea mejor. Es mejor pedir perdón, que no pedirlo. Pedirlo nos hace mejores.

9. Sé que voy a volver a pecar… lo que muestra que no estoy arrepentido

Depende… Lo único que Dios me pide es que esté arrepentido del pecado cometido y que ahora, en este momento quiera luchar por no volver a cometerlo. Nadie pide que empeñemos el futuro que ignoramos… ¿Qué va a pasar en quince días? No lo sé… Se me pide que tenga la decisión sincera, de verdad, ahora, de rechazar el pecado. El futuro déjalo en las manos de Dios…

10. Y si el cura piensa mal de mi…

El sacerdote está para perdonar… Si pensara mal, sería un problema suyo del que tendría que confesarse. De hecho siempre piensa bien: valora tu fe (sabe que si estás ahí contando tus pecados, no es por él… sino porque crees que representa a Dios), tu sinceridad, tus ganas de mejorar, etc. Supongo que te darás cuenta de que sentarse a escuchar pecados, gratis -sin ganar un peso-, durante horas, … si no se hace por amor a las almas… no se hace. De ahí que, si te dedica tiempo, te escucha con atención… es porque quiere ayudarte y le importas… aunque no te conozca te valora lo suficiente como para querer ayudarte a ir al cielo.

11. Y si el cura después le cuenta a alguien mis pecados…

No te preocupes por eso. La Iglesia cuida tanto este asunto que aplica la pena más grande que existe en el Derecho Canónico -la ex-comunión- al sacerdote que dijese algo que conoce por la confesión. De hecho hay mártires por el sigilo sacramental: sacerdotes que han muerto por no revelar el contenido de la confesión.

12. Me da pereza…

Puede ser toda la verdad que quieras, pero no creo que sea un obstáculo verdadero ya que es bastante fácil de superar… Es como si uno dijese que hace un año que no se baña porque le da pereza…

13. No tengo tiempo…

No creo que te creas que en los últimos ___ meses… no hayas tenidos los diez minutos que te puede llevar una confesión… ¿Te animas a comparar cuántas horas de TV has visto en ese tiempo… (multiplica el número de horas diarias que ves por el número de días…)?

14. No encuentro un cura…

No es una raza en extinción, hay varios miles. Toma la guía de teléfono (o llama a información). Busca el teléfono de tu parroquia. Si ignoras el nombre, busca por el obispado, ahí te dirán… Así podrás saber en tres minutos el nombre de un cura con el que te puedes confesar… e incluso pedirle una hora… para no tener que esperar.
28/02/2004 19:46 Enlace permanente. Tema: Cristianismo No hay comentarios. Comentar.

VIVIR CADA DÍA NUESTRA VOCACIÓN CRISTIANA

Al examinar cómo es y cómo debería ser nuestra piedad; en qué puntos determinados debería mejorar nuestra relación personal con Dios, si me habéis entendido, rechazaréis la tentación de imaginar hazañas insuperables, porque habréis descubierto que el Señor se contenta con que le ofrezcamos pequeñas muestras de amor en cada momento.

Procura atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa —diaria, si te es posible— y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del Perdón —aunque tu conciencia no te acuse de falta mortal—; la visita a Jesús en el Sagrario; el rezo y la contemplación de los misterios del Santo Rosario, y tantas prácticas estupendas que tú conoces o puedes aprender.

No han de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible, acomodado a tu condición de hombre que vive en medio de la calle, con un trabajo profesional intenso, y con unos deberes y relaciones sociales que no has de descuidar, porque en esos quehaceres continúa tu encuentro con Dios. Tu plan de vida ha de ser como ese guante de goma que se adapta con perfección a la mano que lo usa.

Tampoco me olvides que lo importante no consiste en hacer muchas cosas; limítate con generosidad a aquellas que puedas cumplir cada jornada, con ganas o sin ganas. Esas prácticas te llevarán, casi sin darte cuenta, a la oración contemplativa. Brotarán de tu alma más actos de amor, jaculatorias, acciones de gracias, actos de desagravio, comuniones espirituales. Y esto, mientras atiendes tus obligaciones: al descolgar el teléfono, al subir a un medio de transporte, al cerrar o abrir una puerta, al pasar ante una iglesia, al comenzar una nueva tarea, al realizarla y al concluirla; todo lo referirás a tu Padre Dios.

Descansad en la filiación divina. Dios es un Padre lleno de ternura, de infinito amor. Llámale Padre muchas veces al día, y dile —a solas, en tu corazón— que le quieres, que le adoras: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo. Supone un auténtico programa de vida interior, que hay que canalizar a través de tus relaciones de piedad con Dios —pocas, pero constantes, insisto—, que te permitirán adquirir los sentimientos y las maneras de un buen hijo.

Necesito prevenirte todavía contra el peligro de la rutina —verdadero sepulcro de la piedad—, que se presenta frecuentemente disfrazada con ambiciones de realizar o emprender gestas importantes, mientras se descuida cómodamente la debida ocupación cotidiana. Cuando percibas esas insinuaciones, ponte con sinceridad delante del Señor: piensa si no te habrás hastiado de luchar siempre en lo mismo, porque no buscabas a Dios; mira si ha decaído —por falta de generosidad, de espíritu de sacrificio— la perseverancia fiel en el trabajo. Entonces, tus normas de piedad, las pequeñas mortificaciones, la actividad apostólica que no recoge un fruto inmediato, aparecen como tremendamente estériles. Estamos vacíos, y quizá empezamos a soñar con nuevos planes, para acallar la voz de nuestro Padre del Cielo, que reclama una total lealtad. Y con una pesadilla de grandezas en el alma, echamos en olvido la realidad más cierta, el camino que sin duda nos conduce derechos hacia la santidad: clara señal de que hemos perdido el punto de mira sobrenatural; el convencimiento de que somos niños pequeños; la persuasión de que nuestro Padre obrará en nosotros maravillas, si recomenzamos con humildad.

San Josemaría Escrivá. Amigos de Dios, n.149-150.
28/02/2004 19:46 Enlace permanente. Tema: Cristianismo No hay comentarios. Comentar.

Plan de Vida

La práctica de algunos actos de piedad nos llevará, sin darnos cuenta, a tener una vida contemplativa en medio de los quehaceres ordinarios.
Lo primero que hemos de hacer para ser buenos cristianos es procurar vivir en gracia de Dios, evitando para ello todo pecado mortal; y como queremos amar a Dios sobre todas las cosas, trataremos incluso de evitar todo pecado venial.
La práctica de algunos actos de piedad nos llevará, sin darnos cuenta, a tener una vida contemplativa en medio de los quehaceres ordinarios. Un plan de vida cristiana vivido con seriedad e interés puede ser el medio para conseguir que nuestra vida no sea inútil ni estéril, de tal manera que viviremos como verdaderos hijos de Dios.

Cada día[1]
• Tener una hora fija para acostarse y para levantarse.
• Ofrecer a Dios el trabajo de la jornada bajo la intercesión de la Virgen María.
• Hacer un rato de oración mental (15 minutos). De preferencia antes de la Misa.
• Asistir a la Santa Misa y recibir la comunión siempre que sea posible. Es el mejor sacrificio que se puede ofrecer a Dios.
• Al mediodía: rezar el Angelus (durante el tiempo pascual el Regina Cœli).
• Rezar el Santo Rosario, si es posible en familia.
• Leer durante unos minutos, meditándolo, el Nuevo Testamento o un libro espiritual.
• Antes de retirarse a descansar, dedicar unos minutos a examinar brevemente cómo ha ido el día.
• Trabajar con intensidad. La santificación del trabajo ordinario es la meta primordial del cristiano.
• El domingo es el día del Señor. La Santa Misa debe ser el centro de la jornada. Es también un día dedicado especialmente a la familia, el descanso y el propio enriquecimiento espiritual.
• Si durante la semana no es posible recibir la comunión, será bueno hacerlo los domingos y días de precepto.

Cada mes

• Confesarse, con verdadero arrepentimiento, aunque no haya pecados mortales, para recibir la gracia sacramental.
• Recibir dirección espiritual con un sacerdote sabio, prudente y experimentado.[2]
• Día de retiro espiritual: dedicar unas horas a considerar nuestra relación con Dios. Delante del Santísimo Sacramento siempre que sea posible.

Cada año
• Curso de retiro o ejercicios espirituales: dos o tres días en silencio, conversando a solas con Dios, son una gran oportunidad para una nueva conversión. El alma, como el cuerpo, necesita vacaciones.

En todo momento
• Mantener la presencia de Dios con jaculatorias, comuniones espirituales y actos de amor y reparación.
• Considerar que somos hijos de Dios: tratar de agradarle en todo lo que hacemos, como un niño trata de agradar a su padre.
• Agradecer a Dios todo lo que nos da.
• Hacerlo todo por amor de Dios: purificar nuestra intención haciendo actos de contrición y desagravio por los pecados propios y ajenos.
• Tratar de vivir como nos hubiera gustado haberlo hecho a la hora de la muerte. Así no tendremos miedo a la muerte y moriremos de la misma manera que hayamos vivido.

Devociones durante la semana
Domingo La Santísima Trinidad.
Asiste con fervor a la Santa Misa y recibe la Comunión si es posible.
Lunes Las almas del Purgatorio.
Ruega por las almas de tus parientes, amigos y bienhechores.
Martes Los Ángeles Custodios.
Acude a menudo los Ángeles Custodios pidiéndoles ayuda. Reza especialmente a tu Angel de la guarda.
Miércoles San José.
Invócale como patrono de la buena muerte.
Jueves La Santísima Eucaristía.
A lo largo del día, haz frecuentes comuniones espirituales y, si es posible, una visita al Santísimo.
Viernes La pasión y muerte de Jesucristo.
Medita la Pasión y Muerte del Señor utilizando, por ejemplo, el Vía Crucis.
Sábado La Santísima Virgen María.
Reza la Salve u otra devoción mariana.

[1] Cf. CEC, 2659-2660.

[2] Cf. CEC, 2690.
28/02/2004 19:47 Enlace permanente. Tema: Cristianismo No hay comentarios. Comentar.

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Los siete dones del Espíritu Santo pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David. Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.

Don de sabiduría
Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.

Don de inteligencia
Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.

Don de consejo
Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.

Don de fortaleza
Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios.

Don de ciencia
Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él.

Don de piedad
Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre.

Don de temor de Dios
Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.

LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO
Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce:
Caridad, Benignidad, Gozo, Mansedumbre, Paz, Fidelidad
Paciencia, Modestia, Longanimidad, Continencia, Bondad, Castidad

ORACIÓN
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….
28/02/2004 19:48 Enlace permanente. Tema: Cristianismo No hay comentarios. Comentar.

Cómo hacer oración

Aprende de una manera rápida y amena cómo hacer tu oración diaria con recomendaciones y ayudas prácticas.
Ya sabemos qué es la oración, qué debemos pedir y dónde es más adecuado hacer oración, llega la parte crucial: ¿Cómo se hace?

Estando en el lugar apropiado, “Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: busco tu rostro Señor; Señor, anhelo ver tu rostro.” (San Anselmo de Canterbury, Proslogión, cap. 1)

Antes de hacer tu oración, determina cuánto tiempo vas a dedicarle. Aunque muchos autores dicen que es mejor "un ratito de oración bien hecha" que nada, también es cierto que es importante tener la disciplina y la fortaleza para dedicar un tiempo exacto en la oración. "Cuando vayas a orar, que sea éste un firme propósito: ni más tiempor por consolación, ni menos por aridez" (B. Josemaría Escrivá, Camino 99). A veces sentimos que el corazón se nos desborda y podríamos estar fácilmente haciendo oración por mucho tiempo, al contrario a veces no tenemos ganas, estamos "secos" o tenemos dificultades para la oración y tras un par de minutos ya deseamos levantarnos. Como hacer oración requiere formar un hábito es buena idea comenzar con poco tiempo (por ejemplo cinco minutos), incrementando poco a poco el tiempo (media hora en la mañana y media hora en la tarde son una meta ambiciosa, pero adecuada para este mundo moderno). También debes notar que la oración es importante hacerla a hora fija para tener más disciplina y orden en tu vida.

Una vez que has determinado donde, cuándo y cuánto tiempo harás de oración ponte de rodillas (es un acto de sumisión y de reconocer lo poquito que somos frente a Dios, pero también puedes hacerlo de pie o sentado), deja que pasen algunos segundos para tranquilizarte y que tu mente esté despejada de lo que has hecho en el día y entonces ponte en presencia de Dios. Para hacerlo puedes repetir en voz alta o mentalmente:

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

Para empezar tu oración, recuerda el orden y las cosas que debes y puedes pedir en la oración.

Puedes también tomar tu libro de lectura espiritual o las Sagradas Escrituras meditándolo y comentándolo con Dios en tu oración. "Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: "Señor, ¿qué quieres que haga?". (CEC 2706)

Si deseas material que pueda ayudarte a hacer tu oración, dale un vistazo a las Lecturas Espirituales.

Decir sinceramente: Señor, ¿qué quieres que haga?, supone hacer uno o varios propósitos prácticos que intentaremos vivir en las próximas horas. Esas resoluciones, díselas a Él y pídele ayuda para cumplir con lo que le prometes.

Procura acudir a María, nuestra Madre en tu oración. "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... " Con Isabel, nos maravillamos y decimos: "¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1, 43). Porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora para nosotros como oró para sí misma: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: "Hágase tu voluntad". "Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la "Madre de la Misericordia", a la Virgen Santísima. Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, "la hora de nuestra muerte". Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte en Cruz de su Hijo y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra (cf Jn 19, 27) para conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso. (CEC 2677)

Para terminar tu oración puedes decir en voz alta o mentalmente:

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación; te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí. Amén
28/02/2004 19:49 Enlace permanente. Tema: Cristianismo No hay comentarios. Comentar.

5 cosas importantes que te enseña la vida

Los acontecimientos más insignificantes en la vida, pueden dejarnos una profunda enseñanza.
1.- La pregunta más importante.

Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor
nos dio un examen sorpresa. Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la ultima:

"¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?"

Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo
a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.

Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la
última pregunta contaría para la nota del examen. "Absolutamente", dijo el
profesor. "En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son
importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían
y digan: "¡Hola!""

Nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.

Todos somos importantes

2.- Auxilio en la lluvia.

Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afroamericana, de edad avanzada
estaba parada en el acotamiento de una autopista de Alabama, tratando de
soportar una fuerte tormenta.

Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la
llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche.

Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todos los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Ella anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.

Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa. Tenia una nota especial adjunta al paquete. Esta decía: "Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa sino mi espíritu.

Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Sinceramente: La Señora de Nat King Cole."

No esperes nada a cambio y lo recibirás

3.- Siempre recuerda aquellos a quienes sirves.

En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él. "¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?" pregunto el niño. "Cincuenta centavos", respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. "¿Cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar.

Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. "Treinta y cinco centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. "Quiero el helado solo", dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue.

El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos... su propina.

Jamás juzgues a alguien antes de tiempo

4.- Los obstáculos en nuestro camino.

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca. Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.

Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

5.- Donando sangre.

Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano dela niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: "Si, lo haré, si eso salva a Liz."

Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "¿A qué hora empezaré a morirme?

Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aun así se la daba.

Da todo por quien ames.
28/02/2004 19:49 Enlace permanente. Tema: Cristianismo No hay comentarios. Comentar.

29/02/2004

La vida según Hollywood

¿Crees que la vida es como la ves? ¡Te equivocas! Los directores de Hollywood te dicen cómo es la realidad... ...en realidad.
Presentamos lo que ocurre en el mundo, según los directores de cine...

* En toda investigación policial que se precie es necesario que los dos detectives tengan personalidades absolutamente incompatibles.

* Todos los números de teléfonos de los Estados Unidos comienzan por 555.

* La mayoría de los perros son inmortales.

* Si alguien te persigue por el centro de la ciudad, siempre puedes quitártelos de encima ocultándote entre los participantes del desfile del Día de San Patricio, sea cual fuere la época del año.

* Todas las bolsas de la compra del supermercado deben contener, como mínimo una barra de pan que sobresalga un poco.

* Es fácil pilotar un avión y aterrizar con él si hay alguien en la torre de control que pueda dirigir la operación por radio.

* Los sistemas de ventilación de los edificios son el escondite ideal: a nadie se le ocurrirá mirar en ellos y sirven, además, para desplazarse hasta cualquier parte del edificio sin dificultad.

* Si tienes que recargar la pistola, siempre dispondrás de suficiente munición, aunque vayas desnudo.

* Es muy probable que sobrevivas a cualquier batalla, a menos que cometas el error de enseñarle a alguien una foto de tu novia.

* Si tienes que hacerte pasar por un militar alemán, no es necesario hablar el idioma; con tener acento alemán bastará. (Aplicable para cualquier idioma).

* Si la ciudad se ve amenazada por un desastre natural o algún tipo de monstruo, la principal preocupación del alcalde será siempre la futura feria de comercio o su próxima exposición de arte.

* La torre Eiffel se puede ver desde cualquier ventana de París.

* Un hombre no se inmuta mientras recibe una paliza de campeonato, pero se queja cuando una mujer intenta limpiarle las heridas.

* Si se ve en algún momento un vidrio de considerables dimensiones (sobre todo si lo llevan dos hombres) es que alguien va a atravesarlo en breves instantes.

* Si tienes que pagar un taxi, no busques un billete en la cartera: saca lo que tengas en el bolsillo al azar. Siempre será el importe exacto.

* El cruce de razas es genéticamente posible con cualquier bicho proveniente de cualquier parte del universo.

* Las cocinas no tienen interruptores de luz. Si entras en una cocina de noche, deberás abrir el frigorífico e iluminarte con la luz interior.

* Los procesadores de textos nunca tienen cursor, pero siempre se abren con una pantalla que dice: Introduzca la contraseña.

* Todas las mañanas, las madres siempre cocinan huevos con tocino para la familia, aunque su marido y sus hijos no tengan tiempo para comérselos.

* Los automóviles que chocan casi siempre acaban explotando, ardiendo o amba cosas.

* El comisario de policía siempre destituirá a su detective preferido, o le dará 48 horas para terminar el trabajo.

* Un sólo fósforo sirve para iluminar una habitación del tamaño de un estadio de fútbol.

* Los habitantes de ciudades y pueblos medievales tenían una dentadura perfecta.

* Aunque en el siglo XX es posible disparar armas de fuego contra un objeto que esté fuera del alcance, la gente del siglo XXIII ha perdido esta tecnología.

* Toda persona que sufra una pesadilla, se incorporará de golpe en la cama y jadeará sudorosa.

* No es necesario decir hola ni adiós cuando se empieza o termina cualquier conversación telefónica.

* Aunque conduzcamos por una cuesta abajo totalmente recta, es necesario girar el volante a izquierda y derecha cada cierto tiempo.

* Las bombas van equipadas con temporizadores que tienen pantallas con grandes números rojos para que uno sepa cuándo van a estallar.

* Siempre es posible estacionar delante del edificio al que se va de visita.

* Un detective sólo resueve un caso cuando ha sido destituido o despedido.

* Si decides ponerte a bailar en la calle, notarás que todo el mundo que te rodea conoce los pasos.

* Casi cualquier computadora portátil tiene suficiente potencia para acabar con el sistema de comunicaciones de una civilización extraterrestre invasora.

* No importa si tus enemigos te superan en número durante una pelea de artes marciales: te atacarán de uno en uno, mientras esperan, con gesto agresivo, a que vayas acabando con sus compañeros.

* Si una persona se queda inconsciente tras recibir un golpe fuerte en la cabeza, nunca sufrirá conmoción ni daños cerebrales.

* Nadie que tenga que participar en una persecución de automóviles, en un secuestro, explosión, erupción volcánica o invasión extraterrestre sufrirá un desmayo inoportuno.

* Las comisarías de policía someten a sus agentes a exámenes de personalidad para que tengan como compañero de patrulla a otro que es, justamente, lo opuesto a él.

* Cuando están a solas, los extranjeros prefieren hablar inglés entre ellos.

* Siempre hay una motosierra a mano si uno la necesita.

* En cuestión de segundos, no hay cerradura que se resista si uno tiene a mano una tarjeta de crédito o un clip, a menos que sea la única puerta de acceso a una casa en llamas con un niño atrapado dentro.

* Una verja eléctrica, lo bastante potente como para matar a un dinosaurio, no dejará secuelas duraderas en un niño de ocho años.

* En los noticiarios de televisión siempre dan una noticia que tiene relación directa con uno mismo en ese preciso momento.
29/02/2004 12:31 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.




matueles

Temas



Archivos

Enlaces


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]