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El laicismo es inconstitucional.

El laicismo es inconstitucional.

Todavía estaban reclamando los laicistas una ley del velo para España, que prohibiera cualquier signo religioso (“idiotizante”, según el tolerante Albiac) en la escuela pública, cuando salían a la calle miles de muchachas jóvenes diciendo que, además de ser francesas quieren llevar el velo típico de su religión. No acaban de ganar para sustos los que quieren liberar a los demás de sus fanáticas creencias, con tanto fervor, que se olvidan de preguntar a los interesados.
Al margen del debate de fondo que late en ésta polémica, -sobre la posibilidad de convivencia en el espacio público de los creyentes de las distintas religiones, con los que no profesan religión alguna- lo que sí está claro es que en España no cabe una solución a la francesa.
Y no es porque el gobierno del Partido Popular se haya impuesto la misión de defender a ultranza la religión, con el oscuro deseo de volver al nacionalcatolicismo, sino porque la sociedad española, representada por una gran variedad de partidos políticos, así lo decidió mediante una Constitución aprobada por una gran mayoría, en 1978.
Es frecuente escuchar, con ocasión de asuntos discutidos como la asignatura de religión, que “estamos en un Estado laico”. Pues la verdad es que no. España, junto al modelo de la monarquía parlamentaria, eligió definirse como un Estado aconfesional, que no es lo mismo. Aconfesional significa que en nuestro país no hay religión oficial, a diferencia, no de modelos dictatoriales sino de –sorpresa, sorpresa…- países tan avanzados democráticamente como Gran Bretaña o Noruega. ¿Podríamos decir, entonces, que en España el Estado permanece “neutral” frente a las convicciones religiosas de sus ciudadanos? No exactamente, más bien sería “no beligerante”, en el sentido de que no toma partido por ninguna en concreto, pero sí debe tener en cuenta esa realidad. Así se lee claramente en el artículo 16 de la Constitución que, en su párrafo 3, establece la obligación del Estado de promover la cooperación con las distintas confesiones religiosas, especialmente con la Iglesia Católica, por ser la mayoritaria en España.
Así que, recomiendo a todos los que reclaman la desaparición de lo religioso en cualquier ámbito público, que se lean la Constitución Española. Y, que si quieren cambiarla, que se pongan a la cola, porque los muchachos de Ibarretxe y Carod-Rovira han llegado primero.

Alvaro Matud

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