Francia: ¿qué hacer? (1)
Francia: ¿qué hacer? (1)
¿OBEDECEN LOS tumultos a que la sociedad francesa ha excluido expresamente a estos jóvenes?
WALTER LAQUEUR - 10/11/2005
Cualquier extranjero que haya visitado ciudades francesas como París, Lyon o Estrasburgo -y también localidades de menores dimensiones- con los ojos bien abiertos en los últimos años habrá caído en la cuenta de que la pócima se estaba cociendo. Y si los visitantes extranjeros han podido observar la situación, con mucha mayor razón los analistas franceses. Mis estanterías abundan en títulos sobre la cuestión e incluyen informes de comités gubernamentales pormenorizados que hacen hincapié en el fracaso de la integración de nuevos inmigrantes. Y lo que poseo es sólo - necesariamente- una pequeña parte de la extensa literatura sobre el tema.
De todos modos, es evidente que la actual ola de ataques se ha producido por sorpresa y que aunque con las lluvias y la crudeza del invierno cesen los tumultos y disturbios, tal inflexión tampoco está garantizada y, en cualquier caso, el problema no desaparecerá.
Ahora bien, ¿cuál es realmente el problema? Existe un alto grado de confusión. La explicación rutinaria y convencional alude a la pobreza y el desempleo. Yes indudable, en efecto, que los primeros ataques no procedieron del bulevar Saint-Germain ni de los distritos I, VIII y XVI, sino en los barrios y núcleos periféricos, los suburbios... No obstante, tampoco coincidieron exactamente con las zonas más pobres. Evry, por ejemplo, donde un hombre resultó muerto y se encontró un almacén de artefactos explosivos, se enorgullece de sus numerosos parques. Posee una universidad y un jardín botánico y afirma ser una de las ciudades con más zonas verdes de Francia.
Por otra parte, se asevera que las responsabilidades recaen sobre las espaldas del Gobierno (o de los gobiernos) y de sus muchos años de desidia y negligencia política. Sin embargo, se han invertido miles de millones en los mismos suburbios y buena parte de las barriadas pobres de hoy fueron viviendas dignas -si bien no se distinguían por su hermosa factura- no hace tantos años... Los gobiernos -de izquierdas y de derechas- construyeron guarderías, piscinas, espacios de juegos infantiles, clubs de jóvenes y en numerosos municipios viven tantos trabajadores sociales como delincuentes juveniles, y eso es decir muchos... Los niños han ido de vacaciones regularmente a lugares muy distantes de su residencia. Tal vez el gasto público debiera haberse duplicado e incluso triplicado, pero tal observación no implica en absoluto que de llevarse la medida a la práctica hubiera motivado un cambio radical.
Otras voces dicen que todo obedece al desempleo, y es innegable que el paro, especialmente el juvenil, es muy elevado, hasta un 40%. Pero, qué curioso, las jóvenes árabes y africanas no suelen tener dificultades para encontrar trabajo; el problema se acusa entre los jóvenes. ¿Por qué? ¿Obedece a que las instituciones y la sociedad francesa han excluido intencionada y expresamente a estos jóvenes, sin darles la oportunidad de aprender una profesión, o a otras razones? Si es así, ¿a qué razones?
Porque ¿cómo explicar que muchos de los que lanzan cócteles molotov tienen 13 y 14 años, de modo que el problema del paro puede ser no determinante en su caso? ¿Obedece al impacto negativo del islam? Muchos revoltosos proceden de África occidental y no son musulmanes, y los jóvenes musulmanes no son especialmente religiosos ni observan los preceptos de su fe. Son jóvenes sans foi et sans loi (sin fe ni ley) como afirmó uno de ellos. Los propios líderes musulmanes han prohibido participar en los tumultos y, si bien desconocemos hasta qué punto las revueltas se van visto teñidas de una connotación islámica, parece evidente que - por una vez- los eslóganes islamistas no han desempeñado un papel esencial.
¿Han sido estos ataques sistemáticos, planificados y coordinados o espontáneos? No está claro en absoluto. Indudablemente ha pesado el efecto de resonancia, y es evidente que en otras localidades se han imitado las conductas constatadas en París. Y si en algunos lugares los jóvenes no salieron a enfrentarse directamente con la policía, en otros buscaron claramente lo contrario. Se ha dado en todo caso un grado mínimo de organización, al menos para fabricar los cócteles molotov. En cuanto al incendio de vehículos, los psicólogos dirán que el coche es un símbolo de estatus; incendiarlo traduce una actitud de desafío al establishment al tiempo que de envidia... En fin, está bien decirlo, pero ¡es que además han incendiado escuelas, guarderías, gimnasios! ¿Querían disfrutar y experimentar emociones, con cierta dosis de afán de destrucción que a decir de los expertos encubre un primario instinto creativo?
Me he limitado a plantear preguntas que solventes comités especializados debatirán en los próximos años. Pero urge actuar y cabe preguntarse: ¿cuál es la mejor manera de hacerlo? El Gobierno francés se inclina ante un paciente gravemente enfermo y su diagnóstico no es aún claro e indubitable. Pero todos -con plena razón- esperan que haga algo. Se han publicado informes sobre el fenómeno en Londres y en Washington (y no sólo sobre Francia, sino también sobre Europa en general), a los que espero referirme en mi próximo artículo.
W. LAQUEUR, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington
Traducción: José María Puig de la Bellacasa
¿OBEDECEN LOS tumultos a que la sociedad francesa ha excluido expresamente a estos jóvenes?
WALTER LAQUEUR - 10/11/2005
Cualquier extranjero que haya visitado ciudades francesas como París, Lyon o Estrasburgo -y también localidades de menores dimensiones- con los ojos bien abiertos en los últimos años habrá caído en la cuenta de que la pócima se estaba cociendo. Y si los visitantes extranjeros han podido observar la situación, con mucha mayor razón los analistas franceses. Mis estanterías abundan en títulos sobre la cuestión e incluyen informes de comités gubernamentales pormenorizados que hacen hincapié en el fracaso de la integración de nuevos inmigrantes. Y lo que poseo es sólo - necesariamente- una pequeña parte de la extensa literatura sobre el tema.
De todos modos, es evidente que la actual ola de ataques se ha producido por sorpresa y que aunque con las lluvias y la crudeza del invierno cesen los tumultos y disturbios, tal inflexión tampoco está garantizada y, en cualquier caso, el problema no desaparecerá.
Ahora bien, ¿cuál es realmente el problema? Existe un alto grado de confusión. La explicación rutinaria y convencional alude a la pobreza y el desempleo. Yes indudable, en efecto, que los primeros ataques no procedieron del bulevar Saint-Germain ni de los distritos I, VIII y XVI, sino en los barrios y núcleos periféricos, los suburbios... No obstante, tampoco coincidieron exactamente con las zonas más pobres. Evry, por ejemplo, donde un hombre resultó muerto y se encontró un almacén de artefactos explosivos, se enorgullece de sus numerosos parques. Posee una universidad y un jardín botánico y afirma ser una de las ciudades con más zonas verdes de Francia.
Por otra parte, se asevera que las responsabilidades recaen sobre las espaldas del Gobierno (o de los gobiernos) y de sus muchos años de desidia y negligencia política. Sin embargo, se han invertido miles de millones en los mismos suburbios y buena parte de las barriadas pobres de hoy fueron viviendas dignas -si bien no se distinguían por su hermosa factura- no hace tantos años... Los gobiernos -de izquierdas y de derechas- construyeron guarderías, piscinas, espacios de juegos infantiles, clubs de jóvenes y en numerosos municipios viven tantos trabajadores sociales como delincuentes juveniles, y eso es decir muchos... Los niños han ido de vacaciones regularmente a lugares muy distantes de su residencia. Tal vez el gasto público debiera haberse duplicado e incluso triplicado, pero tal observación no implica en absoluto que de llevarse la medida a la práctica hubiera motivado un cambio radical.
Otras voces dicen que todo obedece al desempleo, y es innegable que el paro, especialmente el juvenil, es muy elevado, hasta un 40%. Pero, qué curioso, las jóvenes árabes y africanas no suelen tener dificultades para encontrar trabajo; el problema se acusa entre los jóvenes. ¿Por qué? ¿Obedece a que las instituciones y la sociedad francesa han excluido intencionada y expresamente a estos jóvenes, sin darles la oportunidad de aprender una profesión, o a otras razones? Si es así, ¿a qué razones?
Porque ¿cómo explicar que muchos de los que lanzan cócteles molotov tienen 13 y 14 años, de modo que el problema del paro puede ser no determinante en su caso? ¿Obedece al impacto negativo del islam? Muchos revoltosos proceden de África occidental y no son musulmanes, y los jóvenes musulmanes no son especialmente religiosos ni observan los preceptos de su fe. Son jóvenes sans foi et sans loi (sin fe ni ley) como afirmó uno de ellos. Los propios líderes musulmanes han prohibido participar en los tumultos y, si bien desconocemos hasta qué punto las revueltas se van visto teñidas de una connotación islámica, parece evidente que - por una vez- los eslóganes islamistas no han desempeñado un papel esencial.
¿Han sido estos ataques sistemáticos, planificados y coordinados o espontáneos? No está claro en absoluto. Indudablemente ha pesado el efecto de resonancia, y es evidente que en otras localidades se han imitado las conductas constatadas en París. Y si en algunos lugares los jóvenes no salieron a enfrentarse directamente con la policía, en otros buscaron claramente lo contrario. Se ha dado en todo caso un grado mínimo de organización, al menos para fabricar los cócteles molotov. En cuanto al incendio de vehículos, los psicólogos dirán que el coche es un símbolo de estatus; incendiarlo traduce una actitud de desafío al establishment al tiempo que de envidia... En fin, está bien decirlo, pero ¡es que además han incendiado escuelas, guarderías, gimnasios! ¿Querían disfrutar y experimentar emociones, con cierta dosis de afán de destrucción que a decir de los expertos encubre un primario instinto creativo?
Me he limitado a plantear preguntas que solventes comités especializados debatirán en los próximos años. Pero urge actuar y cabe preguntarse: ¿cuál es la mejor manera de hacerlo? El Gobierno francés se inclina ante un paciente gravemente enfermo y su diagnóstico no es aún claro e indubitable. Pero todos -con plena razón- esperan que haga algo. Se han publicado informes sobre el fenómeno en Londres y en Washington (y no sólo sobre Francia, sino también sobre Europa en general), a los que espero referirme en mi próximo artículo.
W. LAQUEUR, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington
Traducción: José María Puig de la Bellacasa
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