<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://matueles.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>matueles</title><description/><link>https://matueles.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Un a&#xF1;o que vivimos peligrosamente</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111701-un-ano-que-vivimos-peligrosamente.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111701-un-ano-que-vivimos-peligrosamente.php</guid><description><![CDATA[POR FRANCIS FUKUYAMA CATEDR&Aacute;TICO DE ECONOM&Iacute;A POL&Iacute;TICA EN LA JOHN HOPKINS UNIVERSITY ... <div class="name-SAP">El verdadero reto para la democracia radica en Europa, donde el problema es interno, y consiste en integrar a elevados n&uacute;meros de j&oacute;venes musulmanes airados, y hacerlo de manera que no provoque una reacci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s airada por parte de los populistas de extrema derecha...<br /><br />HACE un a&ntilde;o, el director de cine holand&eacute;s Theo van Gogh fue asesinado de un corte ritual en el cuello por Mohamed Buyeri, un musulm&aacute;n nacido en Holanda que hablaba holand&eacute;s perfectamente. Este hecho ha transformado completamente la pol&iacute;tica holandesa, y ha hecho que se refuercen los controles policiales que ya han interrumpido pr&aacute;cticamente la inmigraci&oacute;n a ese pa&iacute;s. Junto con los atentados del 7 de julio en Londres (tambi&eacute;n perpetrados por musulmanes de segunda generaci&oacute;n que eran ciudadanos brit&aacute;nicos), este hecho tambi&eacute;n deber&iacute;a cambiar dr&aacute;sticamente nuestra visi&oacute;n de la naturaleza de la amenaza del islamismo radical. Hemos tendido a ver el terrorismo yihadista como algo que aparece en partes disfuncionales del mundo, como Afganist&aacute;n, Pakist&aacute;n u Oriente Pr&oacute;ximo, y que luego se exporta a Occidente. Para protegernos debemos o construir muros para aislarnos, o, seg&uacute;n la administraci&oacute;n Bush, ir &laquo;hasta all&iacute;&raquo; e intentar resolver el problema de ra&iacute;z promoviendo la democracia. Sin embargo, hay buenas razones para pensar que una fuente fundamental del islamismo radical contempor&aacute;neo est&aacute;, no en Oriente Pr&oacute;ximo, sino en Europa Occidental. Adem&aacute;s del caso de Buyeri y de los terroristas suicidas de Londres, los terroristas del 11-M en Madrid y los cabecillas de los atentados del 11-S, como Mohamed Atta, fueron adoctrinados en Europa.<br /><br />En Holanda, donde m&aacute;s del 6 por ciento de la poblaci&oacute;n es musulmana, hay mucho radicalismo a pesar de que es un pa&iacute;s moderno y democr&aacute;tico. Y la opci&oacute;n de aislar al pa&iacute;s de este problema mediante un muro no existe. Cuando vemos la ideolog&iacute;a islamista contempor&aacute;nea como una afirmaci&oacute;n de la cultura o los valores musulmanes tradicionales la estamos malinterpretando profundamente. En un pa&iacute;s musulm&aacute;n tradicional, la identidad religiosa no es una cuesti&oacute;n opcional; se recibe, junto con el estatus, las costumbres y los h&aacute;bitos, incluso la futura pareja en matrimonio, del entorno social. En una sociedad as&iacute; no hay confusi&oacute;n acerca de qui&eacute;n es uno, puesto que su identidad le es dada y confirmada por todas las instituciones sociales, desde la familia hasta la mezquita, pasando por el Estado. No puede decirse lo mismo de un musulm&aacute;n que vive como inmigrante en un suburbio de &Aacute;msterdam o de Par&iacute;s. De repente, la identidad est&aacute; a disposici&oacute;n de uno; se tiene, al parecer, una capacidad de elecci&oacute;n infinita a la hora de decidir hasta qu&eacute; punto se quiere uno integrar en la sociedad no musulmana que le rodea.<br /><br />En su libro &laquo;Globalized Islam&raquo; (El Islam Globalizado) (2004), el acad&eacute;mico franc&eacute;s Olivier Roy sostiene de manera convincente que el radicalismo es precisamente el producto de la &laquo;desterritorializaci&oacute;n&raquo; del Islam, que despoja a la identidad musulmana de todos los apoyos sociales que recibe en una sociedad musulmana tradicional. El problema de identidad es particularmente severo para los hijos de los inmigrantes de segunda o tercera generaci&oacute;n. Se cr&iacute;an fuera de la cultura tradicional de sus padres, pero a diferencia de la mayor&iacute;a de los reci&eacute;n llegados a Estados Unidos, pocos se sienten verdaderamente aceptados por la sociedad que les rodea.<br /><br />Los europeos contempor&aacute;neos otorgan poca importancia a la identidad nacional en favor de una europeidad abierta, tolerante, &laquo;pos nacional&raquo;. Pero los holandeses, alemanes, franceses y dem&aacute;s, retienen un fuerte sentido de su identidad nacional y, en grados diferentes, se trata de una identidad que no resulta accesible para la gente que llega de Turqu&iacute;a, Marruecos o Pakist&aacute;n. La integraci&oacute;n est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s dificultada por el hecho de que las r&iacute;gidas leyes laborales europeas han hecho que para los inmigrantes recientes o para sus hijos no sea sencillo encontrar empleos poco cualificados. Una proporci&oacute;n significativa de los inmigrantes vive gracias a subsidios, lo que significa que no tienen la dignidad de contribuir con su trabajo a la sociedad que les rodea. Ellos y sus hijos se ven a s&iacute; mismos como extra&ntilde;os.<br /><br />En este contexto aparece alguien como Osama bin Laden, que ofrece a los j&oacute;venes conversos una versi&oacute;n universalista y pura del Islam que ha sido despojada de sus santos, costumbres y tradiciones locales. El islamismo radical les dice exactamente qui&eacute;nes son: miembros respetados de una umma musulmana global a la que pueden pertenecer a pesar de que vivan en territorios infieles. La religi&oacute;n ya no se ve apoyada, como en una verdadera sociedad musulmana, por la conformidad con una serie de costumbres y observancias sociales externas, sino que es m&aacute;s bien cuesti&oacute;n de creencia interior. De ah&iacute; la comparaci&oacute;n que hace Roy del islamismo moderno con la Reforma Protestante, que, de forma similar, hizo que la religi&oacute;n se centrara en s&iacute; misma y la despoj&oacute; de rituales externos y apoyos sociales.<br /><br />Si esto resulta ser en efecto una descripci&oacute;n acertada de una importante fuente del radicalismo, pueden derivarse de ella varias conclusiones. En primer lugar, el reto que representa el islamismo no es extra&ntilde;o ni desconocido. La transici&oacute;n r&aacute;pida hacia la modernidad siempre ha provocado una radicalizaci&oacute;n; hemos visto formas exactamente iguales de alienaci&oacute;n entre los j&oacute;venes que en generaciones anteriores se convert&iacute;an en anarquistas, bolcheviques, fascistas o miembros de la Bader-Meinhof. La ideolog&iacute;a cambia, pero la psicolog&iacute;a subyacente es la misma. Adem&aacute;s, el islamismo radical es tanto un producto de la modernizaci&oacute;n y de la globalizaci&oacute;n como un fen&oacute;meno religioso; no ser&iacute;a ni mucho menos tan intenso si los musulmanes no pudieran viajar, navegar por Internet, o desconectarse de cualquier otra manera de su propia cultura. Esto significa que &laquo;arreglar&raquo; Oriente Pr&oacute;ximo llevando la modernidad y la democracia a pa&iacute;ses como Egipto y Arabia Saud&iacute; no solucionar&aacute; el problema del terrorismo, sino que podr&iacute;a empeorarlo a corto plazo. La democracia y la modernizaci&oacute;n del mundo musulm&aacute;n son deseables en s&iacute; mismos, pero seguiremos teniendo un gran problema de terrorismo en Europa al margen de lo que all&iacute; suceda.<br /><br />El verdadero reto para la democracia radica en Europa, donde el problema es interno, y consiste en integrar a elevados n&uacute;meros de j&oacute;venes musulmanes airados, y hacerlo de manera que no provoque una reacci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s airada por parte de los populistas de extrema derecha. Hace falta que ocurran dos cosas: en primer lugar, pa&iacute;ses como Holanda y Reino Unido deben dar marcha atr&aacute;s en sus contraproducentes pol&iacute;ticas multiculturales que han protegido al radicalismo, y tomar medidas en&eacute;rgicas contra los extremistas. Pero en segundo lugar, tambi&eacute;n deben reformular sus definiciones de la identidad nacional para aceptar mejor a las personas que vienen de un entorno no occidental. Lo primero ya ha empezado a ocurrir. Holandeses y brit&aacute;nicos han llegado al reconocimiento tard&iacute;o de que la versi&oacute;n del multiculturalismo que sol&iacute;an practicar era peligrosa y contraproducente. La tolerancia liberal era interpretada como un respeto no por los derechos de los individuos sino de los grupos, algunos de los cuales eran intolerantes. Por un equivocado sentido del respeto hacia otras culturas, se dejaba que las minor&iacute;as musulmanas regularan su propio comportamiento. En Holanda, donde el Estado apoya colegios separados cat&oacute;licos, protestantes y socialistas, fue f&aacute;cil crear un &laquo;pilar&raquo; musulm&aacute;n que pronto se convirti&oacute; en un gueto desconectado de la sociedad circundante.<br /><br />Desde el asesinato de Van Gogh, los holandeses se han embarcado en un debate vigoroso y a menudo impol&iacute;tico sobre lo que significa ser holand&eacute;s, en el que algunos exigen a los inmigrantes no s&oacute;lo la capacidad de hablar holand&eacute;s, sino tambi&eacute;n un conocimiento detallado de la historia y la cultura holandesas que ni siquiera muchos holandeses poseen. Pero la identidad nacional ha de ser una fuente de inclusi&oacute;n, no de exclusi&oacute;n; y tampoco puede basarse, a diferencia de lo que afirmaba Pym Fortuyn, asesinado en 2003, en una tolerancia infinita y la ausencia de valores. Los holandeses al menos han roto la asfixiante barrera de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica que ha impedido a la mayor&iacute;a de los dem&aacute;s pa&iacute;ses europeos iniciar siquiera el debate acerca de los temas interconectados de la identidad, la cultura y la inmigraci&oacute;n. Pero acertar con el problema de la identidad nacional es tarea delicada y escurridiza. Muchos europeos afirman que el crisol estadounidense no puede transportarse a suelo europeo. En Europa, la identidad sigue enraizada en la sangre, la tierra y en antiguos recuerdos compartidos. Esto puede ser cierto, pero, si lo es, la democracia en Europa tendr&aacute; serios problemas a medida que los musulmanes se conviertan en un porcentaje a&uacute;n mayor de la poblaci&oacute;n.<br /><br />THE WALL STREET JOURNAL &copy; 2005 Dow Jones &amp;amp; Company, inc.<br /></div>]]></description><pubDate>Thu, 17 Nov 2005 12:44:00 +0000</pubDate></item><item><title>&#xAB;Langue de bois&#xBB; POR &#xC1;LVARO DELGADO-GAL ESCRITOR Y PERIODISTA</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111601-langue-de-bois-por-alvaro-delgado-gal-escritor-y-periodista.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111601-langue-de-bois-por-alvaro-delgado-gal-escritor-y-periodista.php</guid><description><![CDATA[... Se a&ntilde;adir&aacute; que la democracia, bien entendida, no guarda una relaci&oacute;n inteligible con las expectativas vitales de millones de votantes. Cuando los problemas estallan, nos volvemos de madera. Estupenda manera de contener un incendio...<br /><br />LOS grandes sucesos franceses, la manifestaci&oacute;n gigante contra la LOE, las encuestas respondonas y las cuitas de Montilla han te&ntilde;ido de un sepia casi retro la sesi&oacute;n parlamentaria del 2 de noviembre. No conviene, sin embargo, perderla de vista, porque ella o sus efectos nos saldr&aacute;n de nuevo al camino de aqu&iacute; a pocos d&iacute;as. Intentar&eacute;, por tanto, un ejercicio de recordaci&oacute;n... en clave po&eacute;tica. Entiendo por &laquo;po&eacute;tica&raquo; no la afici&oacute;n evidente a la l&iacute;rica de que dieron muestra sus se&ntilde;or&iacute;as, sino lo que el D.R.A.E. declara en la cuarta acepci&oacute;n que va adjunta al vocablo: &laquo;Conjunto de principios o de reglas, expl&iacute;citos o no, que observan un g&eacute;nero literario, una escuela o un autor&raquo;. Seg&uacute;n pensamos, as&iacute; hablamos. Y tambi&eacute;n al rev&eacute;s: de la elocuci&oacute;n, de la ret&oacute;rica, del modo, en fin, en que se extravasa una persona por medio de palabras, cabe deducir qu&eacute; piensa o siente. Pues bien, la mayor parte de los diputados me produjeron una impresi&oacute;n rara, terminal. Su estilo se ajust&oacute; a lo que los franceses, tomando prestada la expresi&oacute;n a los cr&iacute;ticos del comunismo en su fase decadente, llaman langue de bois, &laquo;lengua de madera&raquo;. El lenguaje adquiere consistencia de madera cuando deja de servir a su objetivo natural, y se convierte en una m&aacute;quina de no decir nada, o de decir lo contrario de lo que parece que se est&aacute; diciendo. Las ideas no encajan, y porque no encajan, no expresan un argumento sino un conflicto.<br /><br />&iquest;Qu&eacute; conflicto ha devastado no s&oacute;lo el discurso del mi&eacute;rcoles 2, sino el dominante en Espa&ntilde;a desde que se aprob&oacute; la Constituci&oacute;n? No es preciso partir los pelos por cuatro para atinar con la respuesta. Lo que nos tiene atenazados, turulatos, es el conflicto nacionalista. Bast&oacute; o&iacute;r a Esquerra, a CiU, al PNV, a Eusko Alkartasuna, al PSC, para comprobar, con contundencia dram&aacute;tica, que se ha complicado una ecuaci&oacute;n intratable. La ecuaci&oacute;n se puede resumir en poco espacio. Punto n&uacute;mero uno: los nacionalistas perciben la naci&oacute;n, o mejor dicho, su naci&oacute;n, como un fen&oacute;meno natural. En Catalu&ntilde;a, por ejemplo, existe un fen&oacute;meno natural, extrahist&oacute;rico o suprahist&oacute;rico, cuya manifestaci&oacute;n can&oacute;nica es la lengua catalana. No importa cu&aacute;ntos catalanes hablen catal&aacute;n en casa y menos a&uacute;n importa que la hegemon&iacute;a del catal&aacute;n pueda beneficiar o no a los ciudadanos catalanes a medio y largo plazo. El catal&aacute;n es la lengua &laquo;propia&raquo; de Catalu&ntilde;a, del mismo modo que cierto tipo de flora o fauna es propio de tal o cual isla del Pac&iacute;fico. Punto n&uacute;mero dos: es misi&oacute;n insoslayable del nacionalismo asentar y acrecer este fen&oacute;meno natural dot&aacute;ndose de los instrumentos pol&iacute;ticos oportunos. Tres: se remata la exposici&oacute;n con invocaciones a la democracia. Una mayor&iacute;a parlamentaria nacionalista en una CA justifica y exige que se acelere el proceso de construcci&oacute;n nacional en esa CA.<br /><br />Se mire como se mire, el desenlace de esta cadena silog&iacute;stica es grave. Es grav&iacute;simo desde consideraciones as&eacute;pticamente constitucionales. Una mayor&iacute;a parlamentaria en Barcelona o Vitoria no significa, obviamente, que los partidos mayoritarios en esas regiones est&eacute;n habilitados para entender en cuestiones cuya resoluci&oacute;n reserva la Carta Magna a mayor&iacute;as mucho m&aacute;s capaces. No reconocerlo, o amenazar con calamidades sin cuento si no se acepta una impl&iacute;cita soberan&iacute;a catalana o vasca, supone ya desbaratar de un manotazo las reglas de juego en que se basa el sistema. Pero el caso es m&aacute;s grave, si se me apura, cuando se adopta una perspectiva puramente moral. Puesto que no es cierto que el nacionalista se est&eacute; acogiendo a la democracia, incluso a la democracia de formato peque&ntilde;o en la que se siente m&aacute;s fuerte. Su valor supremo, y tambi&eacute;n su invocaci&oacute;n &uacute;ltima, es la naci&oacute;n. La naci&oacute;n como un bien que ha de ser promovido por encima de las voluntades particulares. La naci&oacute;n como origen y como destino. La naci&oacute;n como algo que no se puede discutir racionalmente porque es odioso, intolerable, mezquino, entrometerse en la esfera de los sentimientos.<br /><br />Lo &uacute;ltimo se apreci&oacute; clar&iacute;simamente en la segunda intervenci&oacute;n de Mas. Mas dijo que llevaba en el coraz&oacute;n -y se&ntilde;al&oacute; con la mano su costado izquierdo- una patria. Y admiti&oacute; que otro pod&iacute;a llevar otra patria. Ello nos devuelve a los fen&oacute;menos naturales de hace un momento. El coraz&oacute;n de Mas es el relicario del fen&oacute;meno natural X. Y el coraz&oacute;n de, qu&eacute; s&eacute; yo, Rajoy, el relicario del fen&oacute;meno natural Z. Y se acab&oacute;. Artur Mas afirm&oacute; que estos dos fen&oacute;menos naturales pueden coexistir, o arder, en dos o varios corazones sin que se venga el mundo abajo. Pero hay razones para temer que no es del todo sincero. &iquest;Por qu&eacute;? Porque el patriotismo de Mas no es s&oacute;lo una efusi&oacute;n sentimental: se traduce en proyectos -fiscales, judiciales, competenciales- que entran en conflicto frontal con el statu quo. A la postre, la resistencia de Mas a matizar sus emociones patri&oacute;ticas implica tambi&eacute;n que se resiste a matizar las consecuencias pol&iacute;ticas y materiales de dichas emociones. Implica, qu&eacute; le vamos a hacer, un principio, o una insinuaci&oacute;n, de violencia. No se trata de una conjetura, sino de un hecho. Cito al propio Mas, en el trance de interpelar a los populares: &laquo;Si no se vota &laquo;s&iacute;&raquo; a la toma en consideraci&oacute;n del Estatuto, &iquest;c&oacute;mo quieren que lo hagamos la pr&oacute;xima vez?&raquo;. Trasladado a rom&aacute;n paladino: la pr&oacute;xima vez no nos atendremos al procedimiento, al rito de los controles parlamentarios, a la aprobaci&oacute;n por mayor&iacute;as espurias. La pr&oacute;xima vez no les concederemos la oportunidad de hacer lo &uacute;nico que admitimos que hagan. Que es decir &laquo;s&iacute;&raquo;.<br /><br />Esto es lo que se ha o&iacute;do. Y como lo que se ha o&iacute;do es explosivo, la langue de bois se ha empleado con inusitada energ&iacute;a en embozar, confundir, ocultar la realidad. Se ha sostenido que poner en cuesti&oacute;n una dilataci&oacute;n del autogobierno catal&aacute;n es de derechas -&iquest;cu&aacute;l es el nexo?, &iquest;qu&eacute; tiene que ver el tocino con la velocidad?-; se ha aseverado, igualmente, que se tratar&iacute;a de una actitud antidemocr&aacute;tica -&iquest;con respecto a qu&eacute; colectivo humano, esto es, a qu&eacute; electorado? &iquest;Al de las cuatro provincias? &iquest;Al de siete, si a&ntilde;adimos Baleares y las tres valencianas? &iquest;Al de toda Espa&ntilde;a?-; y el PSOE, &iexcl;ay!, se ha deslizado por la pista trazando un vals aturdido, err&aacute;tico. Rubalcaba lleg&oacute; a afirmar que era imposible, por definici&oacute;n, que un texto inconstitucional superase el filtro de la comisi&oacute;n parlamentaria. Ello plantea varias preguntas. Si la constitucionalidad final est&aacute; garantizada, &iquest;por qu&eacute; no se ha tomado en consideraci&oacute;n el plan Ibarretxe? Aparte de esto, &iquest;piensa alguien, seriamente, que el TC estar&aacute; en situaci&oacute;n de derribar t&eacute;cnicamente un texto consagrado en el Congreso y votado en Catalu&ntilde;a? Y si lo que importa es s&oacute;lo la implicaci&oacute;n pol&iacute;tica del Congreso, &iquest;por qu&eacute; no se va por lo derecho a una reforma constitucional, cuyas garant&iacute;as democr&aacute;ticas -no digo jur&iacute;dicas- son, a fortiori, mayores?<br /><br />La langue de bois fulminar&aacute; como sectarias, retr&oacute;gradas, interesadas, todas las cr&iacute;ticas que acierten a levantarse contra la desafortunada situaci&oacute;n en que nos hemos puesto. Se asegurar&aacute; que Catalu&ntilde;a seguir&aacute; siendo solidaria aunque sus aportaciones se dividan por la mitad o los inspectores de Hacienda s&oacute;lo obedezcan a instancias regionales. Y se a&ntilde;adir&aacute; que la democracia, bien entendida, no guarda una relaci&oacute;n inteligible con las expectativas vitales de millones de votantes. Cuando los problemas estallan, nos volvemos de madera. Estupenda manera de contener un incendio.<br />]]></description><pubDate>Wed, 16 Nov 2005 09:09:00 +0000</pubDate></item><item><title>El cuidado de los mayores en Espa&#xF1;a 1</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111408-el-cuidado-de-los-mayores-en-espana-1.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111408-el-cuidado-de-los-mayores-en-espana-1.php</guid><description><![CDATA[<span style="font-size: 6.5pt; color: #666666; font-family: Arial">REPORTAJE: El cuidado de los mayores en Espa&ntilde;a 1 <p>&nbsp;</p></span><strong>La revoluci&oacute;n de los afectos&nbsp;&nbsp;</strong><a title="A&ntilde;adir a Mi carpeta" href="javascript:AddClip('20051114elpepinac_1.Tes')"><span style="text-decoration: none; text-underline: none"><strong> </strong></span></a><p>&nbsp;</p><strong>Casi toda una generaci&oacute;n de mujeres subordin&oacute; su realizaci&oacute;n personal y profesional al cuidado de los padres ancianos. La convivencia es frecuentemente conflictiva<p>&nbsp;</p></strong><strong>Los progresivos cambios sociol&oacute;gicos y culturales registrados en la sociedad espa&ntilde;ola modificaron el formato familiar y afectaron la relaci&oacute;n de las personas de m&aacute;s de 65 a&ntilde;os con sus hijos cuidadores. El d&eacute;ficit de cari&ntilde;o en numerosos hogares causa depresiones y conflictivas convivencias entre ancianos discapacitados y sus parientes, sujetos a una fuerte presi&oacute;n.<p>&nbsp;</p></strong><span style="font-size: 6.5pt; color: #333333; font-family: Arial"><a href="http://www.elpais.es/lomas/index.html" /></span><strong></strong><span style="font-size: 6.5pt; color: #333333; font-family: Arial; mso-no-proof: yes"><a href="http://www.elpais.es/lomas/index.html" /></span><span style="font-size: 6.5pt; color: #333333; font-family: Arial">JUAN JES&Uacute;S AZN&Agrave;REZ <p>&nbsp;</p></span><p><span style="font-size: 6pt; color: #999999; font-family: Arial; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">EL PA&Iacute;S &nbsp;-&nbsp; Espa&ntilde;a - 14-11-2005 </span></p><span style="font-size: 6pt; color: #999999; font-family: Arial; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA"><span style="font-size: 8pt">El modelo familiar espa&ntilde;ol en su relaci&oacute;n con los mayores, m&aacute;s de siete millones, uno de cada cuatro viviendo solo, sufri&oacute; un vuelco conforme Espa&ntilde;a evoluciona hacia el formato de la Europa m&aacute;s desarrollada: familias m&aacute;s peque&ntilde;as, m&aacute;s inestables, con divorcios y formaci&oacute;n de nuevas parejas, tard&iacute;as emancipaciones, movilidad geogr&aacute;fica, y m&aacute;s mujeres trabajadoras: el 45% del total. No tienen demasiado tiempo, ni les sobra afectividad, para ocuparse a fondo de padres mayores que demandan mucha atenci&oacute;n y que al no recibirla como la quisieran manifiestan contrariedad, y tambi&eacute;n un angustioso temor a la soledad, a las enfermedades y a la indefensi&oacute;n. Cientos de miles de hijas, y una minor&iacute;a de hijos porque no hay equidad en la distribuci&oacute;n de la carga, afrontan la responsabilidad de un cuidado a veces tan intenso que causa en las cuidadoras estados depresivos, y tambi&eacute;n animosidad hacia el padre o madre a su cargo. "Yo, antes de que mi hija tenga que pasar lo que estoy pasando yo, me quito de en medio", confes&oacute; una mujer en un sondeo de IOE/IMSERSO. Los cambios sociol&oacute;gicos y la inversi&oacute;n de los valores de la transici&oacute;n en curso desencadenan choques emocionales y operativos interfamiliares ya cuantificables: un 60% de los ancianos consume f&aacute;rmacos contra la depresi&oacute;n, la enfermedad del siglo XXI, seg&uacute;n datos manejados por la Cl&iacute;nica Universitaria de Navarra. Los procesos degenerativos asociados al envejecimiento influyen en la patolog&iacute;a, pero m&aacute;s la confusi&oacute;n y las frustraciones personales derivadas del nuevo perfil de las relaciones.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">No deja de ser revelador que algunas residencias incluyan perritos para que interact&uacute;en afectivamente con los ancianos, o que voluntarios consultados para este trabajo comprueben que personas mayores a las que visitan semanalmente cierran apresuradamente la puerta tras recibirles para que los vecinos no vean que un extra&ntilde;o, no sus hijos, les escucha y proporciona cari&ntilde;o. "Hay mayores que echan pestes de sus hijos, otros que los entienden y otros que no tienen a nadie y est&aacute;n absolutamente solos", dice Beltr&aacute;n Uriarte, voluntario de la ONG Solidarios, que atiende a 700 ancianos. "Te llaman llorando. A veces se trata de descolgar el tel&eacute;fono y escucharles". En torno al 60% declara en las encuestas sentirse bastante satisfecho con su vida, pero no es oro todo lo que reluce: poco m&aacute;s del 40% admite sentirse siempre feliz o contento, seg&uacute;n encuestas del Observatorio de Personas Mayores.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">El ajetreo de los nuevos tiempos y tambi&eacute;n una suerte de desamor, cuyo exponente m&aacute;s claro ser&iacute;a la &iacute;ntima convicci&oacute;n de muchos hijos maduros de que en el fondo est&aacute;n poco dispuestos a sacrificar algo sustancial de su ocio y de su trabajo, de su vida, para atender a sus padres ancianos, afecta a una buena parte de dos generaciones. "La consecuencia inmediata es la insatisfacci&oacute;n que nos produce a muchos hacer las cosas por obligaci&oacute;n no porque les queremos much&iacute;simo", reconoce Jos&eacute; Antonio Rodr&iacute;guez, de 56 a&ntilde;os, abogado, observador del fen&oacute;meno. "Hemos cuidado de nuestros hijos a la vez que trabaj&aacute;bamos. Y ahora que podemos respirar un poco y ocuparnos m&aacute;s de nosotros mismos, muchos los vemos como una carga porque, falla la afectividad", agrega Rodr&iacute;guez. "Los cuidamos por un gran sentido de la responsabilidad hacia la familia. Y me atrever&iacute;a a decir que el 80% de las hijas cuidadoras tienen conflictos con la madre o el padre ancianos". Numerosos espa&ntilde;oles de la posguerra, que trabajaron sin descanso para sacar adelante a familias frecuentemente numerosas, pero que no crearon con sus hijos lazos afectivos s&oacute;lidos por el desconocimiento de su importancia, porque les daba verg&uuml;enza abordar el mundo de los sentimientos, o por los imponderables de aquel periodo de penurias, se consideran abandonados. Reclaman m&aacute;s cari&ntilde;o que cuidados f&iacute;sicos. "M&aacute;s me hubiera valido criar cerdos que al menos dan jamones", fue la amarga reflexi&oacute;n de una madre de 70 a&ntilde;os. Los espa&ntilde;oles de la tercera edad m&aacute;s apenados apenas entienden que padecen las l&oacute;gicas consecuencias de la transici&oacute;n desde la familia amplia, corporativa en el cuidado, y m&aacute;s rural de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, con redes asistenciales de parientes, amigos u organizaciones religiosas, hacia otra m&aacute;s urbana y profesionalizada, con el individuo como n&uacute;cleo, y prioridades y ritmos diferentes.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">Sus hijos y nietos viven en esta &uacute;ltima y abordan las relaciones interfamiliares de otra manera. Muchos no entienden los requerimientos de sus mayores y llegan a aborrecerlos, o pagan tiempo a terceros para que les atiendan. Otros simplemente les abandonan. Las sobrecargas llevan a convivencias tormentosas e insatisfacciones de unos y otros. Las visitas a los mayores en residencias, 266.000 personas, son frecuentes, pero no pocos internos no las reciben en meses. Las causas de estos hechos se interrelacionan y algunas tienen que ver con una transformaci&oacute;n esencial de la estructura familiar que va dejando de ser la c&eacute;lula b&aacute;sica de la sociedad en beneficio del individuo.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">Mayte Sancho, vicepresidenta de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Geriatr&iacute;a y Gerontolog&iacute;a, admite que las carencias afectivas entre las familias dependen de las relaciones de toda una vida, pero precisa que los espa&ntilde;oles quieren a sus mayores. "Y aunque hay de todo, la propia potencia de la familia espa&ntilde;ola, que se hace cargo de todo, m&aacute;s que en el resto de Europa, tiene un coste alt&iacute;simo", se&ntilde;ala Sancho. &iquest;Cu&aacute;l es el coste? "Pues que como no hay servicios suficientes, las familias tienen que cubrir servicios que no pueden afrontar. Es demasiada carga y pasan cosas. Tenemos que proveer de recursos a las familias".<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">Espa&ntilde;a cuenta con el menor n&uacute;mero de personas mayores que viven solas de la Europa de los Quince, seg&uacute;n una encuesta de Eurostat, la oficina comunitaria de estad&iacute;sticas, entre los pa&iacute;ses miembros. El dato es claro: las familias de espacio compartido por dos o tres generaciones, las redes familiares, los amigos o los voluntarios, los denominados apoyos informales, tienen mayor incidencia en Espa&ntilde;a. Ese factor incide en muchos aspectos.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">El Gobierno, a trav&eacute;s del ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, y los agentes sociales ultiman una ley para formalizar el apoyo a la dependencia y dar un respiro a las familias.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">El fen&oacute;meno del cuidado implica especialmente al v&eacute;rtice de los 7.276.620 espa&ntilde;oles mayores de 65 a&ntilde;os, con mayor&iacute;a de viudas: el 17% de los 42.717.064 habitantes censados oficialmente en Espa&ntilde;a en el a&ntilde;o 2003. M&aacute;s del 30% del total sufre alg&uacute;n tipo de discapacidad. Los octogenarios, 1.756.844, los m&aacute;s afectados, son es segmento que m&aacute;s aument&oacute; en el &uacute;ltimo decenio: un 53%, frente al 9,9% de crecimiento en el total de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, seg&uacute;n el Imserso.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">La mayor&iacute;a de los mayores vive en familia y parece pertinente preguntarse c&oacute;mo lo hacen: &iquest;queridos, ignorados o soportados? El c&aacute;lculo estad&iacute;stico del sentimiento no es f&aacute;cil, pero en decenas de conversaciones privadas con mujeres cuidadoras, el hartazgo es manifiesto. "No soporto m&aacute;s a mi madre", "No puedo m&aacute;s". Pero la recomendaci&oacute;n "pap&aacute; (o mam&aacute;) vas a estar de maravilla en una residencia", es frecuentemente recibida como un edicto de expulsi&oacute;n y desamor. La reacci&oacute;n de puertas afuera suele ser, sin embargo, comprensiva: "Mis pobres hijos trabajan tanto que no tienen tiempo para nada...".<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">&iquest;Los hijos cuidan a sus padres por obligaci&oacute;n o por devoci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;les son las razones &uacute;ltimas de fricciones o choques que pocos admiten abiertamente porque ser&iacute;a admitir el propio fracaso en la construcci&oacute;n de los afectos? Sin llegar al extremo de Salvador Dal&iacute; (1904-1989), que envi&oacute; a su padre una carta manchada de semen con la frase: "Ahora ya no te debo nada", la l&oacute;gica de los factores explica muchos de los visibles desencuentros intergeneracionales. "Ha habido en Espa&ntilde;a un cambio significativo de los valores, que es un cambio psicol&oacute;gico. En la c&uacute;spide de los valores est&aacute; ahora mismo el trabajo y la realizaci&oacute;n personal, a trav&eacute;s del trabajo fundamentalmente. Todo lo dem&aacute;s es complementario. A ver c&oacute;mo adapto esto (el cuidado de los mayores generalmente) a mi trabajo, a ver c&oacute;mo adapto esto a mi carrera", se&ntilde;ala el psic&oacute;logo Florentino Moreno, vicedecano de la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad Complutense de Madrid.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">Pocos se consideran "malos hijos", y tampoco est&aacute; claro que las nuevas generaciones vayan a ser m&aacute;s amorosas con sus padres pese a que &eacute;stos dedican m&aacute;s tiempo a intentar comunicarse afectivamente con ellos. "Los chavales de ahora, la gente de 20 y 30 a&ntilde;os, tambi&eacute;n estructuran todo en cuanto a la realizaci&oacute;n personal y tener hijos es una opci&oacute;n, no una necesidad. Si puedo tendr&eacute; hijos... Te mueves b&aacute;sicamente por valores. Lo que ocurre es que disfrazas el comportamiento, lo acomodas a razonamientos l&oacute;gicos". La propuesta de una madre octogenaria, progresivamente debilitada, tambi&eacute;n ten&iacute;a su l&oacute;gica, pero dej&oacute; perpleja y pensativa a su hija, de 52 a&ntilde;os: "Hija m&iacute;a, te pago lo mismo que ganas en tu trabajo, si me cuidas t&uacute; en lugar de la se&ntilde;ora que quer&eacute;is contratar los hermanos. No quiero que una extra&ntilde;a me limpie".<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">Aceptar la oferta supondr&iacute;a romper el v&iacute;nculo con el mundo a trav&eacute;s del trabajo y acarrear&iacute;a un cierto aislamiento social y probablemente el avinagramiento del car&aacute;cter, cuyos efectos pagar&iacute;a el marido. Much&iacute;simas mujeres de estratos sociales humildes, que ganan 600 o 700 euros al mes, prefieren pagar 500 a una chica o a una se&ntilde;ora latinoamericana, porque hablan espa&ntilde;ol y son cercanas culturalmente, para no romper ese v&iacute;nculo con el exterior. Cada familia es un mundo y la constelaci&oacute;n de complejidades humanas determina la adoraci&oacute;n, la conflictividad o la neutralidad en las relaciones interfamiliares. Las transformaciones econ&oacute;micas y sociales registradas en Espa&ntilde;a desde la generaci&oacute;n de los a&ntilde;os cuarenta a sesenta, sin embargo, han sido muy importantes y explican c&oacute;mo se siente la agente que tiene personas dependientes a su cargo y c&oacute;mo se sienten las personas dependientes.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">La emergencia de un mercado del cuidado, y la mayor disponibilidad econ&oacute;mica para acudir a la contrataci&oacute;n de servicios, entre ellas residencias de entre 1.200 y 3.000 euros mensuales, son dos elementos importantes. El factor fundamental del cambio, sin embargo, ha sido la incorporaci&oacute;n de la mujer al mundo del trabajo y la modificaci&oacute;n de su papel en la familia. En el a&ntilde;o 1970, el porcentaje de mujeres trabajadoras era del 23% contra el 45% del pasado a&ntilde;o. De hecho, casi toda una generaci&oacute;n de mujeres espa&ntilde;olas, cuya edad media ronda los 53 a&ntilde;os, c&oacute;nyuges o hijas solteras, sacrific&oacute; buena parte de su realizaci&oacute;n personal y profesional para cuidar de sus mayores, seg&uacute;n constata Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Dur&aacute;n, profesora de investigaci&oacute;n del Centro Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CSIC), que ha publicado m&aacute;s de un centenar de libros y ensayos.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">"&iquest;C&oacute;mo ocuparemos en el futuro su lugar en la prestaci&oacute;n de servicios? &iquest;Con m&aacute;s impuestos?", se pregunta la catedr&aacute;tica de Sociolog&iacute;a. Los poderes p&uacute;blicos tienen la palabra. S&oacute;lo la sustituci&oacute;n del tiempo empleado por la mujer cuidadora por trabajo remunerado obligar&iacute;a a la creaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de 600.000 nuevos puestos de trabajo, seg&uacute;n Dur&aacute;n.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">Los varones, a tenor de estudios publicados por la Fundaci&oacute;n Europa para las Condiciones de Vida y de Trabajo, marcan m&aacute;s el l&iacute;mite de lo que est&aacute;n dispuestos a soportar, aceptan menos la responsabilidad del cuidado y les cuesta menos decidir el ingreso en una residencia de ancianos. Los hijos no sufren tanto el elevado coste psicol&oacute;gico encajado por las hijas durante procesos asistenciales de larga duraci&oacute;n. Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Dur&aacute;n reconoce haber llorado con su equipo al escuchar los testimonios de algunos cuidadores. "Es muy duro", se&ntilde;ala. "Tenemos encuestas en las que el 36% de los cuidadores profesionales entraron en depresi&oacute;n".<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">L. R., de 45 a&ntilde;os, es ayudante sanitario de un hospital madrile&ntilde;o y ha visto muchas mezquindades durante 20 a&ntilde;os: "Hijos que s&oacute;lo vienen a fin de mes a ver qu&eacute; queda de la pensi&oacute;n de su madre; dos hijas que aparcan a su madre en el hospital y se van de vacaciones sin dejar un tel&eacute;fono de contacto, hermanos que visitan a su padre a diferentes horas para ver qu&eacute; pasa con el testamento. Igual que las familias que ingresan a los ancianos todos los fines de semana a trav&eacute;s de urgencias alegando dolencias que no existen. Pero hasta que son analizadas ganan tiempo y el fin de semana". "Es para echarse a llorar. Quieren que sus padres se mueran de una vez. Y eso no sale en las encuestas", afirma L. R. Giulia, la mala hija del libro del mismo nombre de la escritora italiana Carla Cerati, tambi&eacute;n ansi&oacute; la muerte de su madre: "T&uacute; tienes 80 a&ntilde;os y podr&aacute;s vivir otros 15 m&aacute;s, y tu vida ser&aacute; la misma. Para m&iacute; es distinto: &eacute;stos son los 15 a&ntilde;os de vida activa en los que puedo realizar los proyectos postergados durante tanto tiempo. Despu&eacute;s yo tambi&eacute;n me har&eacute; vieja". Las motivaciones del comportamiento son diversas, pero hace falta querer much&iacute;simo, haber forjado lazos afectivos intensos o asumir una obligaci&oacute;n moral heroica, para sobrellevar el trance real de Charo, de 55 a&ntilde;os, profesora de universidad, que vive sola con su madre de 89 a&ntilde;os, aquejada por patolog&iacute;as m&uacute;ltiples, como buena parte de los 1.756.844 octogenarios espa&ntilde;oles. Gasta m&aacute;s de la mitad de lo que gana para que dos personas la atiendan los d&iacute;as laborables y tres noches.<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">No puede m&aacute;s. Su madre la llama constantemente y todo lo quiere todo al instante. Ya. En una semana debi&oacute; llevarla tres veces a urgencias, de madrugada. "Se empe&ntilde;a en que le aprieta la cintura pero los m&eacute;dicos no le han encontrada nada ninguna de las tres veces". La hija se prometi&oacute; no ceder de nuevo "Por favor, Charo de mi alma, no me hagas esto, no te portes as&iacute; conmigo, que me voy a morir". La queja y la somatizaci&oacute;n de la angustia. Piden constantemente atenci&oacute;n: "Ay qu&eacute; mal me encuentro, no s&eacute; cuanto durar&eacute;, no me hac&eacute;is ni caso...". El calvario de Charo, que apenas duerme, hace cuatro a&ntilde;os que no toma vacaciones, padece artrosis y debe mover los 80 kilos de peso muerto de su madre, es bastante extremo, pero no se encuentra sola: much&iacute;simas espa&ntilde;olas lo comparten. "Mi hermano viene de visita alguna vez pero no me sirve de ninguna ayuda. Cree que eso es obligaci&oacute;n m&iacute;a". La crueldad puede ser terrible. Una noche que se fue a la cama a las tres de la madrugada, su madre volvi&oacute; a llamarla. "Se ha ido a descansar, que est&aacute; muy agotada", le dijo la asistenta peruana. "Pues despi&eacute;rtala que para eso es mi hija". Charo decidi&oacute; vender el piso, comerse los ahorros y buscar una residencia. "Ir&eacute; a verla todos los d&iacute;as, estar&eacute; unas horas con ellas y la coger&eacute; de la manita. No s&eacute; si lo comprender&aacute; o no...". Probablemente, no. Pero las nuevas generaciones probablemente s&iacute;. Es el rumbo de la sociedad espa&ntilde;ola: "Ahora chocan el v&iacute;nculo y las condiciones reales del entorno respecto al cuidado. &iquest;Qu&eacute; hacer?, &iquest;renunciar el trabajo?", se pregunta el psic&oacute;logo Florentino Moreno. "Yo veo que todo se est&aacute; resolviendo por la vida de la profesionalizaci&oacute;n. Mis padres van a estar mejor atendidos por profesionales. Yo no puedo. Eso dice toda la gente".<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 8pt">No pueden, pero &iquest;quieren?<p>&nbsp;</p></span> <p></p></span>]]></description><pubDate>Mon, 14 Nov 2005 17:03:00 +0000</pubDate></item><item><title>Pulso a la Modernidad liberal</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111407-pulso-a-la-modernidad-liberal.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111407-pulso-a-la-modernidad-liberal.php</guid><description><![CDATA[<strong><span style="font-size: 11pt; color: #002d86; font-family: Verdana">Pulso a la Modernidad liberal </span></strong><span style="font-size: 6.5pt; color: black; font-family: Verdana"><p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 6.5pt; color: black; font-family: Verdana">POR JOS&Eacute; MAR&Iacute;A LASALLE<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 6.5pt; color: black; font-family: Verdana">ABC<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 6.5pt; color: black; font-family: Verdana">lunes 14 de noviembre de 2005<p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 6.5pt; color: black; font-family: Verdana"><p>&nbsp;</p></span> <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: 6.5pt; color: black; font-family: Verdana">HACE 60 a&ntilde;os el paisaje f&iacute;sico y moral de Europa era desolador. El viejo continente trataba de recuperar su pulso entre los escombros de la II Guerra Mundial. En este sentido, noviembre de 1945 tuvo que ser especialmente duro para todos, vencedores y vencidos. A pesar de la luminosa atm&oacute;sfera que hab&iacute;a tra&iacute;do la paz, las sombras de las humeantes hogueras morales dejadas tras de s&iacute; por Auschwitz o los bombardeos a&eacute;reos y las deportaciones decretadas a fuerza de bayoneta oscurec&iacute;an el ambiente de un continente enredado en el ovillo de la historia.<br /><br />Basta leer los escritos de quienes trataban de registrar en aquellos momentos las huellas del tiempo de la mano de sus diarios para comprenderlo. A un lado y otro de la l&iacute;nea que separaba la victoria de la derrota, el sentimiento de desesperanza era compartido. Todav&iacute;a hoy se palpa con una carnosidad terrible, purulenta, gracias a los testimonios, por ejemplo, de Victor Klemperer o Ernst J&uuml;nger. En este sentido, aunque la paz era un hecho, sin embargo, la reconstrucci&oacute;n f&iacute;sica y moral del continente estaba por hacer, pendiente de un esfuerzo tit&aacute;nico, despu&eacute;s de las sacudidas s&iacute;smicas desatadas por las walkirias totalitarias del nazismo.<br /><br />De hecho, la orgullosa Europa civilizada yac&iacute;a en el hond&oacute;n de una memoria repleta de culpas debido a la miserable incontinencia de un historicismo irracionalista que hab&iacute;a decidido llevar hasta el paroxismo comunitarista la m&aacute;xima nietzscheana de &laquo;vivir peligrosamente&raquo;. Sumergida en el silencio dejado tras de s&iacute; por el fragor de la destrucci&oacute;n vivida, Europa esperaba bajo el cielo plomizo de un desencanto sobre s&iacute; misma y sus posibilidades civilizadoras mientras desde el Este comenzaban a llegar los ecos rugientes de una maquinaria totalitaria que empezaba a calentar y engrasar sus motores de la mano del comunismo.<br /><br />Precisamente fue entonces cuando desde los ant&iacute;podas del continente ca&iacute;do, desde la lejana Nueva Zelanda, lleg&oacute; el aliento liberal de un libro que trataba de explicar los porqu&eacute;s de todo aquello al ofrecer un cuaderno de bit&aacute;cora que trazaba el &uacute;nico itinerario posible hacia la libertad. &laquo;La sociedad abierta y sus enemigos&raquo; fue la obra con la que Karl Popper registraba un canon en el que se delimitaba con precisi&oacute;n la compleja simetr&iacute;a conceptual sobre la que asienta la arquitectura pol&iacute;tica de la Modernidad liberal. Y lo hac&iacute;a retratando su dise&ntilde;o epistemol&oacute;gico e institucional a contraluz o, si se prefiere, bajo la sombra acechante de la fisonom&iacute;a colosal de los art&iacute;fices de las sucesivas estrategias de demolici&oacute;n urdidas hist&oacute;ricamente por los enemigos de la libertad.<br /><br />Y as&iacute;, con la t&eacute;cnica indagatoria de quien trata de diseccionar las huellas de un crimen, Popper fij&oacute; el itinerario procesal de ese fuste torcido de la inteligencia que con insistencia machacona trata a lo largo de la historia de cerrar sobre el cuello de la Humanidad el infame cordel de la tiran&iacute;a. Publicado por la editorial Routledge en noviembre de 1945 despu&eacute;s de innumerables retrasos, el libro obtuvo un clamoroso &eacute;xito al que tan solo cabe equiparar el conseguido un a&ntilde;o antes por &laquo;Camino de servidumbre&raquo; de Hayek. Escrito desde la colaboraci&oacute;n intelectual y el intercambio de ideas epistolar con este autor y con E. H. Gombrich -te&oacute;rico de una fascinante epistemolog&iacute;a sobre la mirada art&iacute;stica que est&aacute; todav&iacute;a por ser estudiada y sondeada en sus claves, digamos, est&eacute;ticamente liberales-, el libro ofrece una extraordinaria actualidad a pesar de los a&ntilde;os transcurridos desde su publicaci&oacute;n. Y es que 60 a&ntilde;os despu&eacute;s, y a pesar de que en 1989 cay&oacute; la amenaza totalitaria cuya emergencia desvelaba Popper en 1945, la modernidad liberal sobre la que se asienta la sociedad abierta vuelve a estar sitiada y en crisis.<br /><br />La gravedad del momento la marca un escenario de convergencia fatal en el que una constelaci&oacute;n de discursos impugnadores de factura polivalente trata de asaltar los diversos parapetos institucionales y emocionales sobre los que se asienta la defensa de la sociedad abierta. Estamos ante un ataque combinado que aglutina los diversos malestares transversales que dentro y fuera de los m&aacute;rgenes de la Modernidad liberal se han ido desarrollando desde 1989. En realidad, tendr&iacute;amos que hablar de una especie de reacci&oacute;n espont&aacute;nea ante su &eacute;xito y su propagaci&oacute;n global que busca generar la implosi&oacute;n de las estructuras de la sociedad abierta mediante un colapso de sus bases de complejidad y legitimaci&oacute;n, agudizando as&iacute; la tragedia valorativa que acompa&ntilde;a, como resalta Isaiah Berlin, el devenir cotidiano que identifica su toma de decisiones. La punta de lanza de este asalto a la Modernidad liberal ser&iacute;a externa. La protagonizar&iacute;a la revisi&oacute;n totalitaria surgida en el islam con el fin de obstaculizar las consecuencias laicas e igualitarias que irradian la racionalidad cr&iacute;tica y la tecnolog&iacute;a social que acompa&ntilde;an el desarrollo de la globalizaci&oacute;n. De hecho, el 11-S ser&iacute;a el punto de arranque de esa reacci&oacute;n. El momento en el que se identificar&iacute;an el objetivo y la narraci&oacute;n de un ataque directo contra el capitalismo t&eacute;cnico y sus derivados significantes. As&iacute;, el Occidente que result&oacute; de la victoria de 1989 ser&iacute;a a partir del 11-S puesto bajo sospecha global, abriendo de paso una fractura interior en el seno de la sociedad abierta de la mano de aquellos que, especialmente en Europa, asistieron a rega&ntilde;adientes a su triunfo con la ca&iacute;da del Muro del Berl&iacute;n.<br /><br />En este sentido, la responsabilidad de la izquierda posmarxista europea en la utilizaci&oacute;n del simbolismo deslegitimador que trajo consigo el derrumbe terrorista de las Torres Gemelas de Nueva York es esencial para comprender la crisis que sacude a la Modernidad liberal. De hecho, la izquierda en general -y en particular la izquierda espa&ntilde;ola como paradigma de este cambio en Europa- ha encontrado las ra&iacute;ces de una nueva sospecha antiliberal mediante la que articular una nueva narraci&oacute;n sobre la cual verter un discurso de impugnaci&oacute;n que ha ido seduciendo progresivamente tanto a los que atemorizan la amenaza islamista y el componente de riesgo que contiene el Occidente tecnol&oacute;gico como a aquellos a los que irrita o fatiga el individualismo pol&iacute;tico, epistemol&oacute;gico, econ&oacute;mico, &eacute;tico y metodol&oacute;gico que contiene el liberalismo. El problema reside aqu&iacute; realmente. En que el conjunto de la izquierda vive paulatinamente presa de una apertura posmoderna hacia la negaci&oacute;n de sus ra&iacute;ces modernas e ilustradas al establecer una alianza estructural con los rescoldos de una premodernidad que ha actualizado su lenguaje haci&eacute;ndose comunitarista, mientras trata de torcer el eje de gravedad del consenso social mediante el colapso de las instituciones demoliberales a fin de justificar su inevitable reforma.<br /><br />Precisamente cuando se cumplen 60 a&ntilde;os de &laquo;La sociedad abierta y sus enemigos&raquo;, habr&iacute;a que recordar a esta izquierda que huye hacia adelante con tan extra&ntilde;os compa&ntilde;eros de viaje aquello que dec&iacute;a Nietzsche de que quien se asoma a un abismo tenga cuidado de que el abismo no se asome a &eacute;l. Lo triste es que a los liberales no nos queda m&aacute;s salida que dar esta batalla intelectual sin ninguna retaguardia, pues mientras Par&iacute;s arde ya ni siquiera nos queda la lejana Nueva Zelanda popperiana para ver y, desde all&iacute;, esperar. La libertad y la sociedad abierta se juegan en Europa aqu&iacute; y ahora.</span></p>]]></description><pubDate>Mon, 14 Nov 2005 17:01:00 +0000</pubDate></item><item><title>Francia: &#xBF;qu&#xE9; hacer? (y 2)</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111406-francia-que-hacer-y-2-.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111406-francia-que-hacer-y-2-.php</guid><description><![CDATA[<span class="t24p0251"><span style="font-size: 14.5pt">Francia: &iquest;qu&eacute; hacer? (y 2)</span></span><p>&nbsp;</p><span class="h10p61"><span style="font-size: 6pt">WALTER LAQUEUR&nbsp;-&nbsp;14/11/2005<p>&nbsp;</p></span></span>Cuando las cosas van mal siempre es positivo leer un libro de talante optimista... El libro de la profesora Jytte Klausen, <em>The islamic challenge. Politics and religion in Western Europe </em>(Oxfortd University Press, 2005), es uno de esos libros; acaba de ser publicado en Londres y aparecer&aacute; pr&oacute;ximamente en EE.UU. La profesora Klausen ha entrevistado a la elite musulmana en Europa; a trescientos m&eacute;dicos, ingenieros, parlamentarios, abogados, empresarios, l&iacute;deres comunitarios y otras personas de similar condici&oacute;n e influencia en el norte y oeste de Europa (no en Italia ni en Espa&ntilde;a), y es del criterio de que, con un poco de buena voluntad por ambas partes (aunque sobre todo de parte de los europeos), todo ir&aacute; bien. Los l&iacute;deres musulmanes en Europa han suscrito la causa del liberalismo y, en sentido amplio, de los derechos humanos. La tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones es absurda. Los musulmanes europeos desean integrarse o en todo caso tienden hacia un euroislamismo, que esta profesora asocia de alguna manera al eurocomunismo, una forma evolucionada de socialismo, algo as&iacute; como un estadio a medio camino en direcci&oacute;n al capitalismo. La mayor&iacute;a de ellos optan por la laicidad, y hacia tal tesitura se ver&aacute;n secundados por sus respectivas comunidades. El terrorismo no es la principal de sus preocupaciones: los principales motivos de inquietud de los musulmanes tienen que ver con cosas como por ejemplo d&oacute;nde comprar carne sacrificada seg&uacute;n su manera tradicional (<em>halal</em>). Si los europeos son un poco menos xen&oacute;fobos, todo ir&aacute; bien. <br /><br />Si ello fuera realmente as&iacute;, las ciudades francesas no deber&iacute;an haber ardido, pero lamentablemente ha sucedido lo contrario. Manifiestamente, el mensaje de la elite musulmana no ha alcanzado el n&uacute;cleo de la gente joven; acaso, m&aacute;s probablemente, lo que pasa es que nunca les ha importado menos lo que pueda pensar gente como abogados y empresarios... Como dijo el padre de un joven alborotador en un barrio perif&eacute;rico de Par&iacute;s, "cuando le rogu&eacute; a mi hijo que no se uniera a los revoltosos, me amenaz&oacute; con un cuchillo". Resulta patente que la lista de gente entrevistada por la profesora Klausen es algo incompleta; deber&iacute;a haber entrevistado tambi&eacute;n a los jefes de bandas que ahora parecen figurar tambi&eacute;n en las filas de las elites, evidentemente tan influyentes por lo menos como los abogados, los ingenieros e incluso los imanes. Y como no cabe esperar a que las predicciones de la profesora Klausen se hagan un d&iacute;a realidad, surge con fuerza la pregunta de qu&eacute; hacer mientras tanto con respecto a estas revueltas. <br /><br />Si estos disturbios hubieran estallado por ejemplo en China o en Marruecos -o, de hecho, en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses fuera de Europa-, el Gobierno habr&iacute;a empleado de inmediato mano muy dura contra los alborotadores, posiblemente se habr&iacute;a producido una matanza y el orden se habr&iacute;a restablecido en 24 horas. Pero en un pa&iacute;s democr&aacute;tico europeo la <em>soluci&oacute;n </em>plaza de Tiananmen (sugerida por algunos chinos) es inadmisible a menos que la situaci&oacute;n hubiera empeorado mucho m&aacute;s. Algunos han propuesto un mecanismo de recambio, un tanto in extremis, consistente en que a los j&oacute;venes oprimidos, explotados, tratados sin respeto o marginados se les faciliten recursos para regresar -inexcusablemente- a sus pa&iacute;ses de origen. <br /><br />Sin embargo, todo esto son fantas&iacute;as de mentes sulfuradas; el enfoque que resta y permanece es la llamada <em>discriminaci&oacute;n positiva</em>. O, en t&eacute;rminos m&aacute;s sencillos, la opci&oacute;n de apaciguar y aplacar a los descontentos... Tal alternativa no puede significar la exculpaci&oacute;n autom&aacute;tica de los acusados de homicidios y algaradas ni tampoco la introducci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de la charia en Europa, pero s&iacute; entra&ntilde;a que los inmigrantes reciban trato preferente sobre la poblaci&oacute;n local en cuestiones como la vivienda y el empleo. Y, sobre todo, que los j&oacute;venes reciban incentivos suplementarios en ense&ntilde;anza y formaci&oacute;n de modo que se reduzca la proporci&oacute;n de fracaso escolar y educativo o abandono de los estudios. Lo propio puede decirse del mercado laboral. Es posible, ciertamente, que esta pol&iacute;tica no funcione ya que un puesto de trabajo ofrecido por el Gobierno puede representar un escaso atractivo a ojos de quienes viven de la <em>econom&iacute;a sumergida </em>(el narcotr&aacute;fico, por ejemplo). Sin embargo, caben posibilidades de que se abra paso una cierta v&iacute;a de normalizaci&oacute;n de modo que la pr&oacute;xima generaci&oacute;n sea menos problem&aacute;tica y llegue el d&iacute;a en que la mencionada <em>discriminaci&oacute;n positiva </em>sea innecesaria y superflua. Todo ello entra&ntilde;a asimismo que deber&iacute;a evitarse el lenguaje incendiario. Marx y Engels pod&iacute;an escribir en su tiempo sobre el lumpemproletariado (desecho social) sin verse por ello acusados de ser pol&iacute;ticamente incorrectos. Actualmente ya no es posible. <br /><br />Este tipo de pol&iacute;tica sulfurar&aacute; a mucha gente y suscitar&aacute;, indudablemente, una reacci&oacute;n social y pol&iacute;tica. Adem&aacute;s, tampoco es seguro que funcione. Sin embargo, es el precio que hay que pagar por la inmigraci&oacute;n incontrolada del pasado, por disfrutar de un razonable y pac&iacute;fico modo de vida en las capitales europeas, por el declive demogr&aacute;fico europeo. Para que el Estado de bienestar siga adelante, la poblaci&oacute;n europea ha de <em>reproducirse</em>, cosa que no hace... lo que significa que la inmigraci&oacute;n ser&aacute; necesaria para aumentar la mano de obra europea. &iquest;De d&oacute;nde vendr&aacute;n? Tal vez deber&iacute;a hacerse un mayor esfuerzo para atraer inmigrantes del Sudeste Asi&aacute;tico. <br /><br />Si alguien tiene mejores sugerencias para solucionar la crisis actual -que es, asimismo, una crisis permanente-, deber&iacute;a darlas a conocer. <p>&nbsp;</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span class="h10p61"><span style="font-size: 6pt">W. LAQUEUR, director del Instituto de Estudios Estrat&eacute;gicos de Washington </span></span><span style="font-size: 6pt; color: #666666; font-family: Arial"><br /><span class="h10p61">Traducci&oacute;n: Jos&eacute; Mar&iacute;a Puig de la Bellacasa</span></span></p>]]></description><pubDate>Mon, 14 Nov 2005 17:00:00 +0000</pubDate></item><item><title>Francia: &#xBF;qu&#xE9; hacer? (1)</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111405-francia-que-hacer-1-.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111405-francia-que-hacer-1-.php</guid><description><![CDATA[<span><span>Francia: &iquest;qu&eacute; hacer? (1)</span></span><br /><em><span>&iquest;OBEDECEN LOS tumultos a que la sociedad francesa ha excluido expresamente a estos j&oacute;venes? </span></em><span><br /></span>&nbsp;<br /><br /><span><span>WALTER LAQUEUR&nbsp;-&nbsp;10/11/2005</span></span><span><br /><br /></span><br />Cualquier extranjero que haya visitado ciudades francesas como Par&iacute;s, Lyon o Estrasburgo -y tambi&eacute;n localidades de menores dimensiones- con los ojos bien abiertos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os habr&aacute; ca&iacute;do en la cuenta de que la p&oacute;cima se estaba cociendo. Y si los visitantes extranjeros han podido observar la situaci&oacute;n, con mucha mayor raz&oacute;n los analistas franceses. Mis estanter&iacute;as abundan en t&iacute;tulos sobre la cuesti&oacute;n e incluyen informes de comit&eacute;s gubernamentales pormenorizados que hacen hincapi&eacute; en el fracaso de la integraci&oacute;n de nuevos inmigrantes. Y lo que poseo es s&oacute;lo - necesariamente- una peque&ntilde;a parte de la extensa literatura sobre el tema. <br /><br />De todos modos, es evidente que la actual ola de ataques se ha producido por sorpresa y que aunque con las lluvias y la crudeza del invierno cesen los tumultos y disturbios, tal inflexi&oacute;n tampoco est&aacute; garantizada y, en cualquier caso, el problema no desaparecer&aacute;. <br /><br />Ahora bien, &iquest;cu&aacute;l es realmente el problema? Existe un alto grado de confusi&oacute;n. La explicaci&oacute;n rutinaria y convencional alude a la pobreza y el desempleo. Yes indudable, en efecto, que los primeros ataques no procedieron del bulevar Saint-Germain ni de los distritos I, VIII y XVI, sino en los barrios y n&uacute;cleos perif&eacute;ricos, los suburbios... No obstante, tampoco coincidieron exactamente con las zonas m&aacute;s pobres. Evry, por ejemplo, donde un hombre result&oacute; muerto y se encontr&oacute; un almac&eacute;n de artefactos explosivos, se enorgullece de sus numerosos parques. Posee una universidad y un jard&iacute;n bot&aacute;nico y afirma ser una de las ciudades con m&aacute;s zonas verdes de Francia. <br /><br />Por otra parte, se asevera que las responsabilidades recaen sobre las espaldas del Gobierno (o de los gobiernos) y de sus muchos a&ntilde;os de desidia y negligencia pol&iacute;tica. Sin embargo, se han invertido miles de millones en los mismos suburbios y buena parte de las barriadas pobres de hoy fueron viviendas dignas -si bien no se distingu&iacute;an por su hermosa factura- no hace tantos a&ntilde;os... Los gobiernos -de izquierdas y de derechas- construyeron guarder&iacute;as, piscinas, espacios de juegos infantiles, clubs de j&oacute;venes y en numerosos municipios viven tantos trabajadores sociales como delincuentes juveniles, y eso es decir muchos... Los ni&ntilde;os han ido de vacaciones regularmente a lugares muy distantes de su residencia. Tal vez el gasto p&uacute;blico debiera haberse duplicado e incluso triplicado, pero tal observaci&oacute;n no implica en absoluto que de llevarse la medida a la pr&aacute;ctica hubiera motivado un cambio radical. <br /><br />Otras voces dicen que todo obedece al desempleo, y es innegable que el paro, especialmente el juvenil, es muy elevado, hasta un 40%. Pero, qu&eacute; curioso, las j&oacute;venes &aacute;rabes y africanas no suelen tener dificultades para encontrar trabajo; el problema se acusa entre los j&oacute;venes. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Obedece a que las instituciones y la sociedad francesa han excluido intencionada y expresamente a estos j&oacute;venes, sin darles la oportunidad de aprender una profesi&oacute;n, o a otras razones? Si es as&iacute;, &iquest;a qu&eacute; razones? <br /><br />Porque &iquest;c&oacute;mo explicar que muchos de los que lanzan c&oacute;cteles molotov tienen 13 y 14 a&ntilde;os, de modo que el problema del paro puede ser no determinante en su caso? &iquest;Obedece al impacto negativo del islam? Muchos revoltosos proceden de &Aacute;frica occidental y no son musulmanes, y los j&oacute;venes musulmanes no son especialmente religiosos ni observan los preceptos de su fe. Son j&oacute;venes <em>sans foi et sans loi </em>(sin fe ni ley) como afirm&oacute; uno de ellos. Los propios l&iacute;deres musulmanes han prohibido participar en los tumultos y, si bien desconocemos hasta qu&eacute; punto las revueltas se van visto te&ntilde;idas de una connotaci&oacute;n isl&aacute;mica, parece evidente que - por una vez- los esl&oacute;ganes islamistas no han desempe&ntilde;ado un papel esencial. <br /><br />&iquest;Han sido estos ataques sistem&aacute;ticos, planificados y coordinados o espont&aacute;neos? No est&aacute; claro en absoluto. Indudablemente ha pesado el <em>efecto de resonancia</em>, y es evidente que en otras localidades se han imitado las conductas constatadas en Par&iacute;s. Y si en algunos lugares los j&oacute;venes no salieron a enfrentarse directamente con la polic&iacute;a, en otros buscaron claramente lo contrario. Se ha dado en todo caso un grado m&iacute;nimo de organizaci&oacute;n, al menos para fabricar los c&oacute;cteles molotov. En cuanto al incendio de veh&iacute;culos, los psic&oacute;logos dir&aacute;n que el coche es un s&iacute;mbolo de estatus; incendiarlo traduce una actitud de desaf&iacute;o al <em>establishment </em>al tiempo que de envidia... En fin, est&aacute; bien decirlo, pero &iexcl;es que adem&aacute;s han incendiado escuelas, guarder&iacute;as, gimnasios! &iquest;Quer&iacute;an disfrutar y experimentar emociones, con cierta dosis de af&aacute;n de destrucci&oacute;n que a decir de los expertos encubre un primario instinto creativo? <br /><br />Me he limitado a plantear preguntas que solventes comit&eacute;s especializados debatir&aacute;n en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Pero urge actuar y cabe preguntarse: &iquest;cu&aacute;l es la mejor manera de hacerlo? El Gobierno franc&eacute;s se inclina ante un paciente gravemente enfermo y su diagn&oacute;stico no es a&uacute;n claro e indubitable. Pero todos -con plena raz&oacute;n- esperan que haga algo. Se han publicado informes sobre el fen&oacute;meno en Londres y en Washington (y no s&oacute;lo sobre Francia, sino tambi&eacute;n sobre Europa en general), a los que espero referirme en mi pr&oacute;ximo art&iacute;culo. <br /><span><span>W. LAQUEUR, director del Instituto de Estudios Estrat&eacute;gicos de Washington </span></span><span><br /><span>Traducci&oacute;n: Jos&eacute; Mar&iacute;a Puig de la Bellacasa </span></span><br /><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 14 Nov 2005 16:58:00 +0000</pubDate></item><item><title>Fronteras de la frontera</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111404-fronteras-de-la-frontera.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111404-fronteras-de-la-frontera.php</guid><description><![CDATA[<span><span>Fronteras de la frontera</span></span><br />Una delgada l&iacute;nea roja separa los pa&iacute;ses, una l&iacute;nea que se construye como un obst&aacute;culo no s&oacute;lo f&iacute;sico, como signo de la desigualdad. Por ello la frontera interesa a pensadores y artistas, porque nos advierte del ser de los nuevos muros<br /><em><span>Se presume que las fronteras est&aacute;n en v&iacute;as de extinci&oacute;n, pero crecen en los lugares m&aacute;s inveros&iacute;miles y por las razones m&aacute;s perversas </span></em><span><br /></span>&nbsp;<br /><br /><span><span>ANTONI MAR&Iacute;&nbsp;-&nbsp;09/11/2005</span></span><span><br /><br /></span><br />La frontera es esta delgada l&iacute;nea roja que apenas se percibe, pero que est&aacute;. Es esa zanja en pleno campo que separa, y que al menos permite guarecerse a los que se quieren ir. Es ese extenso brazo de mar que engulle personas y barcazas. Es ese alambre de espinos que rasga la ropa y la carne y que persuade a uno de mantenerse donde est&aacute;. La frontera es esa valla de piedra seca. Es ese muro de contenci&oacute;n que contiene y que impide la circulaci&oacute;n, tanto la de fuera como la de dentro. Las fronteras son barreras que favorecen la construcci&oacute;n de las identidades nacionales y las preservan de cualquier intrusi&oacute;n que pueda transformarlas. Son tambi&eacute;n modos de defensa de todo lo extra&ntilde;o y maneras de permanecer en lo que se est&aacute;. En muchas ocasiones las fronteras coinciden con los accidentes naturales: las monta&ntilde;as, los valles, r&iacute;os y depresiones, pueden prestarse como l&iacute;mite o conf&iacute;n de un estado o pueden recoger identidades &eacute;tnicas, o pueden ser, simplemente, separaciones arbitrarias sin otra raz&oacute;n que la repartici&oacute;n del territorio seg&uacute;n las m&aacute;s extra&ntilde;as razones y argumentos. Las fronteras delimitan territorios, determinan culturas, y distinguen entidades. Es diferente la percepci&oacute;n de la frontera si es considerada desde dentro, como si lo es desde fuera. Desde dentro se ve como cohesionadora de voluntades; desde fuera como una entidad total y absoluta que se distingue por las diferencias que impone. <br /><br />Siempre se dieron las fronteras; las naturales, las pol&iacute;ticas y las culturales. Y todas ellas se mantuvieron intactas durante siglos. Por las guerras se pod&iacute;a ceder un territorio o anexionarse otro, que transformaba la frontera en un accidente; pero se manten&iacute;a de un modo f&aacute;cilmente identificable y reconocible. Actualmente se presume que las fronteras est&aacute;n en v&iacute;as de extinci&oacute;n y que en los pa&iacute;ses avanzados, v&eacute;ase la Uni&oacute;n Europea, est&aacute;n definitivamente anuladas. Junto a esa afirmaci&oacute;n queda la transparente constataci&oacute;n de que las fronteras crecen y se multiplican en los lugares m&aacute;s inveros&iacute;miles y arbitrarios y por las razones m&aacute;s egotistas y perversas. Esta proliferaci&oacute;n de fronteras creci&oacute; con el derrumbe de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y con la formaci&oacute;n de los nuevos estados del antiguo bloque sovi&eacute;tico, puesto que la uniformidad impuesta por el comunismo desapareci&oacute; dando lugar a las antiguas etnias tradicionales. Y a partir del peligro Al Qaeda las fronteras han multiplicado su control y afirmado su selecci&oacute;n. <br /><br />Es cierto que en Europa las fronteras han reducido su voluntad de exclusividad. Sin embargo y &uacute;nicamente para los ciudadanos de la UE; puesto que para todos los dem&aacute;s, y con especial atenci&oacute;n a los miembros de los pa&iacute;ses en <em>v&iacute;as de desarrollo</em>,la restricci&oacute;n a que se ven sometidos es directamente proporcional al n&uacute;mero de los que pretenden atravesar la frontera. <br /><br />Europa, posiblemente por la falta de experiencia hist&oacute;rica en la recepci&oacute;n de migraciones -a nadie se le ocurr&iacute;a emigrar a Europa ya que eran los europeos los que emigraban a otras tierras- no encuentra un modo digno y adecuado de recibir a los miles de emigrantes que llegan a las puertas de la UE para huir del hambre, la injusticia y la privaci&oacute;n. La UE en lugar de considerar seriamente y con eficacia una estrategia adecuada, se ha preservado de la <em>nube de langosta africana </em>construyendo muros reales y simb&oacute;licos como tantos de los que separan Estados Unidos de M&eacute;xico, Israel de Palestina, Pakist&aacute;n de Afganist&aacute;n, Venezuela de Colombia, M&eacute;xico de Guatemala, Rusia de Ucrania, Nicaragua de Costa Rica, etc. <br /><br />Estos nuevos muros, imperceptibles para quienes no quieren atravesarlos; estos muros que, como afirma Juan Goytisolo, se esconden bajo los ep&iacute;tetos de per&iacute;metros disuasivos, vallas de contenci&oacute;n o sistemas perfeccionados de vigilancia electr&oacute;nica. Estos muros, m&aacute;s que contener la avalancha de los sin identidad, parecen construidos para castigar a los que se resisten a sobrevivir en condiciones inhumanas. En estos muros se practica la misma caza que la polic&iacute;a de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica alemana sol&iacute;a practicar con los que hu&iacute;an de ella; un deporte que en Estados Unidos, tan dados a nombrar todas las cosas, es conocido como <em>hunting illegals</em>.<br /><br />Estos muros fronterizos unos tienen 650 kil&oacute;metros de largo y son un espeso bloque de cemento armado, de ocho metros de altura, como el de Israel. Otros 144 , como el antiguo muro de Berl&iacute;n. Otros deber&iacute;an tener 254 como el de Nicaragua. O 4,8 como el de la frontera de San Diego (California). O 500 como el de Arizona. O 10 kil&oacute;metros como el de Melilla que, seg&uacute;n el proyecto inicial, consiste en la erecci&oacute;n "de dos vallas distanciadas entre s&iacute; por un espacio de cinco metros, con una carretera en medio para el personal de vigilancia". Las vallas tendr&aacute;n una longitud de 10 kil&oacute;metros y una altura de tres metros, es "una valla di&aacute;fana, de acero reforzado, que podr&aacute; ser vista desde ambos lados". En la parte interior de la misma, seg&uacute;n la descripci&oacute;n del mismo proyecto "se instalar&aacute;n sistemas &oacute;pticos de vigilancia, con 70 c&aacute;maras fijas, que facilitar&aacute;n la observaci&oacute;n de la zona". La labor protectora se completar&aacute; "con sistemas sensores, ac&uacute;sticos y de fibra &oacute;ptica para impermeabilizar el control del per&iacute;metro fronterizo". <br /><br />Esta alta tecnificaci&oacute;n de la frontera de Melilla no cont&oacute; con la imaginaci&oacute;n de los subsaharianos que con rudimentarias escaleras treparon las vallas; unos lograron atravesarlas, con los pies y las manos rotas, otros se quedaron en el intento, otros murieron (12 seg&uacute;n las autoridades espa&ntilde;olas). Y los m&aacute;s sufrieron el acoso, la represi&oacute;n y la tortura en los campamentos marroqu&iacute;es, para m&aacute;s tarde sacarlos esposados de dos en dos, en destartalados autobuses, y mandarlos al S&aacute;hara Occidental, en pleno desierto, en una zona disputada desde hace a&ntilde;os con el Frente Polisario que la reclama, y donde Marruecos ha levantado otro muro entre el S&aacute;hara Occidental y Argelia. Muchos de ellos llevaban m&aacute;s de dos a&ntilde;os recorriendo &Aacute;frica para llegar a un muro de espinos donde dejar la piel y abandonar toda esperanza. <br /><br />Y sin embargo nadie puede detener esta avalancha humana que huye de un infierno para caer en otro, donde se obtiene la seguridad personal a expensas de la libertad colectiva y donde el bienestar, que creemos perdurable, nos hace olvidar que la existencia es vida de frontera. Con otros riesgos, tal vez, y otras perspectivas, pero lugar de paso, frontera.<br /><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 14 Nov 2005 16:57:00 +0000</pubDate></item><item><title>&#xC9;tica, pol&#xED;tica y derecho</title><link>https://matueles.blogia.com/2005/111403-etica-politica-y-derecho.php</link><guid isPermaLink="true">https://matueles.blogia.com/2005/111403-etica-politica-y-derecho.php</guid><description><![CDATA[<span><span>&Eacute;tica, pol&iacute;tica y derecho</span></span><br /><em><span>En el mundo de la globalizaci&oacute;n, las fronteras pol&iacute;ticas no encuentran ya justificaciones &eacute;ticas </span></em><span><br /></span>&nbsp;<br /><br /><em><span>Los soci&oacute;logos ven en la frontera tanto una fuente de seguridad como un s&iacute;ntoma de precariedad </span></em><span><br /></span>&nbsp;<br /><br /><span><span>DANIEL GAMPER&nbsp;-&nbsp;09/11/2005</span></span><span><br /><br /></span><br />El debate sobre la frontera se dirime en la frontera entre &eacute;tica, pol&iacute;tica y derecho. Las comunidades humanas que han afirmado su identidad por oposici&oacute;n a los otros han tenido que coexistir con los discursos que cuestionaban la legitimidad de esta separaci&oacute;n. Tal vez esta tensi&oacute;n no era tan manifiesta mientras en la arena internacional se manten&iacute;a el modelo westfaliano que garantizaba tanto la soberan&iacute;a territorial como un control exhaustivo de la permeabilidad fronteriza. Pero la mundializaci&oacute;n ha venido a trastocar en sus aspectos esenciales esta consideraci&oacute;n territorial de las fronteras. De ah&iacute; que la reflexi&oacute;n contempor&aacute;nea acerca de la frontera sea vacilante y oscile entre extremos, pues el fen&oacute;meno del que hay que rendir cuentas no puede ser observado a&uacute;n con una m&iacute;nima distancia cr&iacute;tica. <br /><br />Cualquier reflexi&oacute;n sobre la frontera en la actualidad acepta su car&aacute;cter contingente e hist&oacute;rico. Como se&ntilde;ala el diplom&aacute;tico y ge&oacute;grafo franc&eacute;s, Michel Foucher, desde 1990 hemos asistido s&oacute;lo en Europa a la creaci&oacute;n de 14.000 nuevos kil&oacute;metros de fronteras; en algunos casos fruto de guerras internacionales o civiles, en otros casos resultado de acuerdos. Al mismo tiempo, en la Uni&oacute;n Europea las fronteras dejan de desempe&ntilde;ar algunas de sus funciones tradicionales. Ambas tendencias evidencian que las fronteras est&aacute;n sometidas al vaiv&eacute;n de la historia humana y que, por tanto, no deben representar una limitaci&oacute;n para el estudio filos&oacute;fico-pol&iacute;tico. <br /><br />Europa es el escenario en el que se concentran los discursos sobre la frontera y la identidad. George Steiner no propone un acercamiento geogr&aacute;fico-territorial a Europa, inclin&aacute;ndose, antes bien, por sus pr&aacute;cticas culturales comunes. Tzvetan Todorov, por su parte, sostiene que la civilizaci&oacute;n europea no puede ser reducida a criterios sociopol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, demogr&aacute;ficos o culturales, sino que su peculiaridad radica en su cr&iacute;tica de s&iacute; misma, que le permite acoger en su seno a los extranjeros sin asimilarlos plenamente otorg&aacute;ndoles las garant&iacute;as legales para que puedan desarrollarse de manera aut&oacute;noma. <br /><br />Es justamente esta tendencia a contemplarse a s&iacute; mismo desde la mirada del extranjero la que ha influenciado profundamente a los pensadores de la frontera. Es la &eacute;tica, entendida como la puesta en cuesti&oacute;n de la moralidad vigente y de los prejuicios de la propia cultura, la que socava los cimientos pol&iacute;ticos de la frontera. Acorde con esta exigencia, &Eacute;tienne Balibar aboga por una desacralizaci&oacute;n de las fronteras para que aquellos que las cruzan sean tratados en conformidad con los derechos humanos y no de acuerdo con los ritos y formalidades aduaneros vigentes. <br /><br />La frontera es vista como un sistema selectivo que divide a las personas entre ciudadanos y seres humanos, reproduciendo as&iacute; la estructura de la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, como destaca Giorgio Agamben en su <em>Homo sacer</em>. Frente al realismo pol&iacute;tico y la legalidad jur&iacute;dica que aceptan y refuerzan esta divisi&oacute;n ileg&iacute;tima, Seyla Benhabib aboga por una consideraci&oacute;n porosa de las fronteras y por la aplicaci&oacute;n de gran parte de los derechos de ciudadan&iacute;a a los <em>meros </em>seres humanos, algo que, por otra parte, ya sucede en algunos pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea. El intransigente imperativo &eacute;tico que afirma la igual dignidad de todos los seres humanos y tambi&eacute;n la, m&aacute;s pedestre pero tambi&eacute;n m&aacute;s efectiva, hospitalidad, se resisten a aceptar la diferencia sobre la que se edifica la mencionada declaraci&oacute;n, pues supone que las personas son tratadas desigualmente como resultado de circunstancias contingentes. Sin embargo, Benhabib no defiende la desaparici&oacute;n de las fronteras pues sostiene que esto conducir&iacute;a a una desaparici&oacute;n de un demos cohesionado y s&oacute;lido en sus convicciones que es el requisito para que se pueda hablar de democracia. <br /><br />Los fil&oacute;sofos que discurren sobre la frontera deben encajar, pues, el realismo pol&iacute;tico que acepta la realidad de las fronteras y act&uacute;a en consecuencia, de una parte, con los principios &eacute;ticos que se aplican m&aacute;s all&aacute; de las fronteras, de la otra. Bajo el ep&iacute;grafe <em>cosmopolitismo </em>se re&uacute;nen los esfuerzos filos&oacute;ficos que, siguiendo la tradici&oacute;n ilustrada, aspiran a debilitar la pol&iacute;tica de hechos consumados. <br /><br />En esta l&iacute;nea hay que citar a Thomas Pogge, J&uuml;rgen Habermas, David Held o Martha Nussbaum, que, en diferentes grados, recuperan la tradici&oacute;n universalista y cosmopolita de la filosof&iacute;a para aplicarla al &aacute;mbito jur&iacute;dico. No es pues extra&ntilde;o que acaben defendiendo un derecho internacional s&oacute;lido en una federaci&oacute;n mundial de naciones, como la propuesta hace algo m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os por Kant en <em>Hacia la paz perpetua</em>. En un mundo en el que las fronteras pol&iacute;ticas no encuentran ya justificaciones &eacute;ticas tan s&oacute;lo cabe desear un derecho internacional que, sin alterar de ra&iacute;z el principio de territorialidad, permita extraer las mejores consecuencias de la globalizaci&oacute;n. <br /><br />Los soci&oacute;logos, menos dados a la normatividad, ven en la frontera una fuente de seguridad y un s&iacute;ntoma de precariedad. Es el caso, por ejemplo, de Zygmunt Bauman que interpreta la obsesi&oacute;n moderna por la seguridad, la profusi&oacute;n de c&aacute;maras de videovigilancia y la altura creciente de los muros separadores, como cifras de la ausencia de v&iacute;nculos sociales fiables y de identidades fijas. En cambio, Craig Calhoun ve la supervivencia de las identidades nacionales y de los sentimientos de pertenencia compartida como un ant&iacute;doto frente a las elitistas y disgregadoras seducciones del cosmopolitismo. <br /><br />Tratar de fronteras es tratar de la guerra y de su correlato, la paz. Hans Joas aplica la sociolog&iacute;a para destacar que la guerra, el frente de guerra, la frontera, es un fen&oacute;meno jur&iacute;dico y moral, (i) legal e (i) leg&iacute;timo, y no s&oacute;lo visceral o animal como, al parecer, pensaba Thomas Hobbes. Al respecto Michael Walzer escribi&oacute; un libro sensacional: <em>Guerras justas e injustas</em>.<br /><br />La frontera de las fronteras se halla hoy en el territorio que ocupan las entidades llamadas Israel y Palestina. Todo ese territorio es fronterizo, seg&uacute;n el arquitecto y te&oacute;rico israel&iacute;, Eyal Weizman. Como en el lejano Oeste.<br /><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 14 Nov 2005 16:56:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
